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Este invierno, protege a los más pequeños frente a gripe y gastroenteritis

08/02/2018 11:00

La vacunación es la medida más efectiva para proteger a los niños frente a la gripe y a la infección por rotavirus, principal responsable de gastroenteritis graves. Sin embargo, a menudo, surgen dudas entre los padres acerca de en qué casos y en qué momento deben vacunar a sus hijos.

La Dra. Isabel Romero Blanco, coordinadora del Servicio de Pediatría de HM Hospitales en Madrid, nos da las claves de la vacunación, pero también de qué otras medidas podemos adoptar para prevenir estas infecciones, evitar el contagio y actuar cuando este ya se ha producido.


La vacuna frente a la gripe, nos explica la Dra. Isabel Romero, “puede ponerse a todos los niños siempre que estos sean mayores de seis meses”. Esta es la medida preventiva más eficaz frente a dicha infección, por eso, está especialmente recomendada “cuando existan problemas de salud como cardiopatías, asma u otras enfermedades pulmonares, enfermedad renal o reumatológica, problemas hemato-oncológicos, patología neuromuscular o enfermedades que asocien un deterioro cognitivo”. Y es que, en estos niños, “la infección natural por el virus de la gripe puede ocasionarles una enfermedad más grave o complicaciones”, advierte.


Asimismo, añade, “los niños que convivan con ancianos o con otros niños o adultos de los grupos de riesgo antes mencionados, también deben vacunarse, pues el niño es el principal transmisor de la enfermedad”.


En el caso del rotavirus, “la pauta de vacunación debe iniciarse en torno a los dos meses y finalizar siempre antes de haber cumplido los seis”. Esta vacuna “está indicada en todos los niños” ya que la infección por rotavirus es la causa más frecuente de gastroenteritis graves. Esta, si bien está recomendada por la Asociación Española de Pediatría, no está incluida en el calendario vacunal y por ello, señala, no es una vacuna financiada.


Otras medidas

Más allá de las vacunas, la Dra. Romero recomienda adoptar también otras medidas que nos ayuden a prevenir no sólo la infección de los más pequeños sino también de los adultos, entre ellos, padres y cuidadores. De esta forma, aconseja “no compartir vasos, cubiertos, tetinas o chupetes”. Además, pañales, ropa de cama y de aseo deben ser manipulados y, en su caso, desechados con cuidado.

Por otro lado, “lo ideal sería que, ante los primeros síntomas, el niño dejara de acudir al colegio o a la escuela infantil”, rompiendo así la cadena de contagio. Asimismo, si el niño está enfermo conviene no compartir cama, enseres… y, por supuesto, evitar cualquier contacto con las heces.


La alimentación

Cuando se habla de prevenir la gripe y los resfriados, es habitual que se haga mención a la vitamina C. Como explica la Dra. Romero, “son muchas las vitaminas y micronutrientes que están relacionados con el correcto funcionamiento del sistema inmune, pero no sólo la vitamina C, también otras como la D, las vitaminas del complejo B o la vitamina A. Hierro, cobre, zinc, aminoácidos esenciales…. son muchos los nutrientes implicados”. De hecho, “dietas restrictivas o malos hábitos que condicionen un estado de malnutrición pueden hacer al individuo más propenso a coger infecciones. Mi consejo es hacer una dieta equilibrada, variada y sin exclusiones. Si lo hacemos así, por norma general, no será necesario añadir ningún complemento vitamínico a la dieta del niño”.


Tratamiento

¿Y si el niño ya tiene gripe o está resfriado? En estos casos, responde la Dra. Romero, “el tratamiento es casi siempre sintomático. Esto significa aliviar los síntomas que presenta: la fiebre, la congestión, la tos… y, en general, para ello, usamos pocos fármacos. Antitérmicos para la fiebre y el dolor, muchos líquidos, lavados nasales y medidas posturales”. Además, “debemos ser conscientes de que en estas situaciones el apetito se resiente y es normal que el niño coma menos de lo habitual”. Por el contrario, “antibióticos, antitusivos, mucolíticos y anticongestivos tienen poca utilidad e incluso pueden ser contraproducentes, por ello, sólo deben utilizarse si los prescribe el pediatra”.


Eso sí, debemos consultar con el médico “siempre que observemos irritabilidad, decaimiento, fiebre con mala respuesta al antitérmico, dificultad respiratoria, ruidos al respirar, vómitos persistentes, dolor abdominal intenso, dolor de oídos o si los síntomas empeoran o no mejoran en dos o tres días. Y en niños menores de dos meses o con enfermedades de base conviene consultar desde el principio”.


Si hablamos de gastroenteritis, la clave es mantener al niño bien hidratado. Para ello, recomienda las soluciones de rehidratación oral frente al agua o a las bebidas isotónicas para deportistas. Asimismo, “hay que controlar la fiebre y el dolor con antitérmicos y no forzar a comer. La dieta puede ser la habitual del niño, lo que le apetezca, evitando grasas y zumos artificiales. No hay que retirar lácteos o dar leches especiales, a menos que lo indique el pediatra, y lo normal es que esté inapetente y pierda peso durante la enfermedad”.


Eso sí, “siempre que no seamos capaces de controlar los vómitos, el niño esté muy decaído o irritable, presente dolor abdominal muy intenso o notemos que orina poco, hay que acudir a urgencias para valoración”.


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