La intoxicación alimentaria es un problema frecuente que aparece tras consumir alimentos o bebidas contaminados. Aunque en la mayoría de los casos cursa de forma leve y se resuelve en pocos días, puede llegar a ser grave en lactantes, niños y personas mayores con sistemas inmunes debilitados.
La intoxicación alimentaria se refiere al cuadro clínico que aparece tras comer o beber algo que contiene algún agente nocivo, ya sea de origen químico, compuestos inorgánicos o toxinas biológicas que están presentes en algunos seres vivos y en microorganismos.
La gravedad de la intoxicación viene dada por:
- La naturaleza del patógeno o sustancia que provoca la intoxicación.
- La cantidad de agente causante que se ha consumido.
- El estado de salud previo de cada persona.
Clasificación de las patologías alimentarias
Aunque solemos usar términos generales para referirnos a las intoxicaciones alimentarias, existen tres categorías específicas que son distintas, dependiendo de cómo el agente externo afecta a nuestro organismo. Por eso, hay que distinguir entre:
Intoxicaciones
El origen está en las toxinas. El daño no lo causa el microorganismo vivo en sí, sino los residuos tóxicos o desechos metabólicos que las bacterias u hongos han depositado en el alimento que causa la intoxicación, como por ejemplo el botulismo o la toxina generada por estafilococos.
Infecciones
Aquí el problema lo causa la ingestión de gérmenes vivos. Una vez dentro del cuerpo, estos microorganismos utilizan el intestino como base para reproducirse, pudiendo liberar sustancias nocivas durante su expansión. Un ejemplo son las infecciones por Vibrio parahaemolyticus, que es una gastroenteritis causada por consumir pescados o mariscos crudos o mal cocinados, o la que aparece por contaminación cruzada.
Infestaciones
Este cuadro clínico se produce por la presencia de parásitos en distintas etapas de su desarrollo. El alimento sirve como transporte para que estos organismos se alojen en el sistema del huésped. La anisakiasis es la infestación más conocida, y aparece cuando se come pescado que contiene Anisakis, pero también está la toxoplasmosis, con la que hay que tener mucho cuidado en las embarazadas.
¿Qué síntomas tiene una intoxicación?
Los síntomas de la intoxicación alimentaria pueden variar en función del agente responsable, ya que en su origen pueden intervenir bacterias, virus o toxinas. En términos generales, el organismo activa mecanismos de defensa para expulsar al causante y limitar el daño, lo que explica la aparición de una serie de manifestaciones clínicas frecuentes, entre las que destacan:
- Náuseas y vómitos. Es la respuesta inmediata del estómago ante un agente dañino y lo primero que hace es expulsarlo en forma de vómito.
- Diarrea. También es una forma de eliminar el agente causante. Normalmente, la diarrea es líquida y, en casos graves, puede haber algo de sangre.
- Dolor abdominal. A consecuencia de la diarrea y de los vómitos pueden aparecer calambres fuertes o hinchazón abdominal.
- Fiebre y debilidad. Son signos de que el sistema inmune está luchando contra la infección.
Normalmente, estos síntomas no son muy intensos y se van resolviendo en pocas horas. Pero hay que tener en cuenta que algunas intoxicaciones alimentarias, como el botulismo o las que se producen a consecuencia de consumir pescados o mariscos, pueden ser más graves y manifestarse a través de:
- Migrañas.
- Pérdida de nitidez visual.
- Pérdida de movilidad, pinchazos o falta de sensibilidad cutánea.
¿Cuánto tiempo dura la intoxicación alimentaria?
La duración de la intoxicación alimentaria varía en función del patógeno causante. Así, el inicio de los síntomas puede darse entre las primeras 2 horas después de comer hasta varios días más tarde.
En líneas generales, la intoxicación alimentaria suele durar entre 24 y 48 horas y se resuelve de forma espontánea. En los casos más graves, como la causada por Salmonella o Listeria, puede causar malestar que se prolonga durante una semana o más.
¿Cómo se suele tratar una intoxicación alimentaria?
Si no tienen enfermedades previas, en la mayoría de las personas el tratamiento de la intoxicación alimentaria consiste en:
- Rehidratación oral (la medida más importante en la mayoría de los casos). Es el pilar fundamental del tratamiento, especialmente en los pacientes que presentan vómitos y la diarrea, con el objetivo de reponer los líquidos y electrolitos. Se deben tomar sorbos pequeños y de manera frecuente.
- Reposo digestivo. Es importante no comer sólidos durante las primeras horas de vómitos. Cuando se empiecen a tolerar los líquidos, se deben ir introduciendo poco a poco alimentos suaves, como el arroz blanco, manzana rallada o pollo hervido, siempre y cuando vaya apeteciendo comer.
- Evitar la automedicación. No es bueno tomar antidiarreicos sin consultar a un médico, ya que pueden atrapar la toxina dentro del intestino y empeorar el cuadro.
¿Cuándo ir a Urgencias por una intoxicación alimentaria?
Normalmente, las intoxicaciones alimentarias se resuelven en un par de días, pero si duran más tiempo o aparecen signos de deshidratación, fiebre muy alta o sangre en las heces, es importante acudir a un centro sanitario para que evalúen la situación y puedan tomar las medidas adecuadas. Además, si estos signos se dan en personas de edad avanzada o en niños pequeños, es más recomendable aún que el médico valore bien el estado de salud.
En personas mayores hay que ir a Urgencias si presentan:
- Alteraciones mentales, confusión, irritabilidad extrema o letargo.
- Problemas digestivos. Cuando hay dolor abdominal intenso, vómitos frecuentes o diarrea durante más de 3 días o más de 6 deposiciones diarias.
- Sangrado en heces, pus o las heces son de color negro.
- Fiebre alta o síntomas del sistema nervioso, como mareos o inestabilidad.
- Incapacidad de hidratarse. Si no se toleran líquidos o soluciones de rehidratación porque se sigue vomitando o teniendo diarrea.
También hay que vigilar estos síntomas en embarazadas y en personas con su sistema inmune debilitado. En cuanto aparezcan los primeros síntomas hay que consultar al médico, por leve que parezca. Es importante una valoración integral de estas personas para controlar la situación cuanto antes y evitar la aparición de problemas mayores.
La deshidratación en bebés, especialmente en lactantes y en niños pequeños, constituye una urgencia médica, ya que su estado puede deteriorarse rápidamente y volverse potencialmente grave en menos de 24 horas. Por este motivo, es fundamental consultar de inmediato si el menor presenta cambios en el comportamiento, como somnolencia excesiva o irritabilidad; cualquier episodio de fiebre en bebés o fiebre elevada en niños; diarrea y vómitos persistentes, muy frecuentes o acompañados de sangre o pus; o antecedentes de prematuridad o enfermedades previas.

Cómo prevenir las intoxicaciones alimentarias
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología ha elaborado una serie de recomendaciones que pueden ayudar a evitar las intoxicaciones alimentarias:
Consumir alimentos tratados higiénicamente
Elige siempre leche y derivados pasteurizados y comprueba que carnes y pescados se mantengan bien refrigerados o congelados desde su compra hasta su consumo. En el caso de salsas caseras elaboradas con huevo, consúmelas inmediatamente y evita guardar las sobras, ya que aumentan el riesgo de contaminación.
Cocinar correctamente los alimentos.
Para eliminar la mayoría de los microorganismos, es fundamental que el interior del alimento alcance al menos los 70 °C durante la cocción, especialmente en carnes, aves, pescados y huevos.
Consumir los alimentos inmediatamente
No dejes la comida cocinada a temperatura ambiente durante mucho tiempo, ya que es el escenario ideal para que los gérmenes se multipliquen rápidamente.
Conservar los alimentos cocinados adecuadamente
Si no se van a consumir de inmediato, mantén los platos calientes por encima de 60 °C o refrigéralos por debajo de 7 °C. Además, si vas a consumir pescado crudo o poco hecho, recuerda congelarlo previamente durante varios días para reducir el riesgo de infecciones.
Recalentar los alimentos suficientemente
Al recalentar las sobras, asegúrate de que alcancen la temperatura máxima. Los platos que no admiten calor, como los gazpachos o las sopas frías, deben ir directos a la nevera después de su preparación.
Evitar la contaminación cruzada
Es fundamental no poner en contacto alimentos crudos con alimentos ya cocinados o listos para consumir. Para ello, hay que extremar la higiene de manos, así como de utensilios como cuchillos, tablas de cortar y superficies de trabajo, que pueden actuar como vehículos de contaminación. En el caso de los trapos de cocina, es preferible utilizar papel de cocina desechable, ya que reduce el riesgo de transmisión de gérmenes.
Mantener una higiene personal y de la cocina estricta
Lávate las manos constantemente, especialmente antes de cocinar y tras ir al baño. Desinfecta adecuadamente las superficies de la cocina a diario y mantén la basura en cubos cerrados. No la tengas en la cocina durante un periodo de tiempo prolongado.
Proteger los alimentos de animales e insectos
Mantén la comida fuera del alcance de moscas y mascotas, ya que pueden transmitir patógenos y parásitos peligrosos que favorecen la intoxicación alimentaria.
Utilizar exclusivamente agua potable
Aunque parezca una obviedad, usa solo agua de la red pública siempre que sea potable o bien agua envasada para beber y cocinar. Evita el agua de pozos que no estén tratados.
Rechazar alimentos expuestos a temperatura ambiente
En establecimientos de hostelería, exige que los alimentos estén en vitrinas y refrigerados. Si un producto perecedero está fuera de la zona de frío, no lo consumas, aunque te garanticen que está en buen estado.
Además de estas medidas, es importante no olvidarse de mantener la cadena de frío de los alimentos, garantizando que los perecederos no interrumpan su refrigeración o congelación en ningún momento desde la compra hasta su preparación, especialmente durante los meses de verano, cuando las altas temperaturas aceleran drásticamente el crecimiento microbiano.
Cuida tu salud con HM Hospitales
Las intoxicaciones alimentarias son un motivo habitual de consulta médica y, en los casos leves, pueden ser valoradas inicialmente en Atención Primaria. Sin embargo, si aparecen signos de alarma, como deshidratación, fiebre alta, sangre en las heces, vómitos persistentes, dolor abdominal intenso o una evolución prolongada, puede ser necesario acudir a Urgencias para recibir una valoración hospitalaria. Según la gravedad y las características del cuadro, podrán intervenir especialistas de Medicina Interna o Aparato Digestivo. En HM Hospitales contamos con equipos médicos coordinados para confirmar el diagnóstico e indicar el tratamiento más adecuado en cada caso.
Recuerda que este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye a una consulta médica. Ante cualquier sospecha de complicación de una intoxicación alimentaria, pide cita con nuestros especialistas.
