Escucha este post:
El golpe de calor es una emergencia médica que se produce cuando el cuerpo no logra regular su temperatura, que aumenta hasta niveles peligrosos (alrededor de 40º C o más), habitualmente por exposición a calor intenso ambiental o por la práctica de ejercicio físico extenuante.
Debido al cambio climático, las olas de calor están aumentando en frecuencia, duración e intensidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estrés térmico se encuentra entre las principales causas de muerte relacionadas con la meteorología y puede provocar golpes de calor, además de agravar enfermedades crónicas previas.
Concretamente, dicha organización advierte que los golpes de calor pueden empeorar el cuadro de pacientes con diabetes, asma, trastornos mentales y enfermedades cardiovasculares.
Especialmente vulnerables son los niños pequeños, los mayores de 65 años y las personas que padecen alguna enfermedad, por lo que cuando empiezan a subir las temperaturas las medidas de prevención son la mejor forma de evitar complicaciones salud.
¿Qué es un golpe de calor?
El golpe de calor se define como una elevación de la temperatura corporal (hipertermia) por encima de los 40ºC debida a un fallo en los mecanismos cerebrales de regulación térmica corporal, acompañada de respuesta inflamatoria sistémica que produce disfunción multiorgánica y puede provocar el fallecimiento.
La citada insuficiencia orgánica puede afectar al sistema nervioso central (el cerebro es especialmente sensible a la hipertermia) produciendo inicialmente sensación de mareo que pronto deriva en bajo nivel de conciencia y puede llegar al coma; al musculoesquelético (se produce una destrucción de las fibras musculares destruyendo las proteínas que lo forman, lo que se conoce como rabdomiólisis), al hígado, a los riñones, a los pulmones y al corazón. En su fase más avanzada y severa se produce un fallo multiorgánico que puede acabar con la muerte. Igualmente puede generar hiperpotasemia e hipoglucemia y producir alteraciones de la coagulación, con formación de trombos y hemorragias.
La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) cita, además, otros problemas de salud asociados al calor, como el riesgo de deshidratación, los edemas, calambres y problemas cutáneos, el agravamiento de accidentes cerebrovasculares y de partos prematuros, sumado a un incremento de las probabilidades de intoxicaciones alimentarias y enfermedades que se transmiten por el agua y los alimentos.
En definitiva, el golpe de calor es una condición médica grave que requiere atención profesional y diagnóstico urgentes en el ámbito hospitalario, además de la adopción de medidas de enfriamiento rápido del paciente, llegando a precisar monitorización en la unidad de cuidados intensivos con medidas de sostén agresivas.
Las tasas de mortalidad son elevadas en estos casos, pero varían como hemos comentado en función de la edad, el estado de salud previo del paciente, la temperatura máxima que alcance su cuerpo y, especialmente, la duración de la hipertermia y la eficacia de las medidas de enfriamiento aplicadas.
Tipos de golpe de calor
Podemos considerar que existen dos tipos los golpes de calor en función de si la fuente de calor es exógena o endógena, estableciendo ciertas diferencias. Así, tenemos golpes de calor:
Clásicos:
- Causa: se producen a raíz de la exposición a elevadas temperaturas ambientales.
- Plazo de manifestación: suelen dar la cara desde unas horas después de la exposición hasta transcurridos tres días.
- Población vulnerable: adultos mayores sedentarios, niños pequeños, embarazadas y personas con patologías previas.
- Factores de riesgo: no contar con aire acondicionado durante una ola de calor y tener acceso limitado a líquidos, algo especialmente acuciante en el caso de personas dependientes, desde los ancianos en las residencias hasta los niños pequeños y bebés. Además, tanto los adultos mayores como los niños pequeños presentan una mayor vulnerabilidad al calor. En los primeros influyen factores como las enfermedades crónicas y el uso de determinados fármacos, mientras que en los segundos la inmadurez del sistema de termorregulación y su mayor relación entre superficie corporal y masa favorecen una absorción más rápida del calor.
- Estado de la piel: en los golpes de calor clásicos la piel suele estar cálida y seca, aunque en ocasiones está húmeda con sudor.
De esfuerzo:
- Causa: una producción excesiva de calor metabólico a causa de una actividad física extenuante en ambiente caluroso y de alta humedad.
- Plazo de manifestación: de forma más inmediata que el clásico, en el transcurso de pocas horas.
- Población vulnerable: personas saludables habituadas a la actividad física intensa pero que no han tenido una correcta aclimatación previa. Es el caso de deportistas de alto rendimiento (habitualmente atletas jóvenes), militares, bomberos, obreros, etc. También puede afectar a personas que rebasan su límite físico en un entrenamiento guiado, más aún si padecen alguna infección viral o bacteriana, presentan deshidratación y/o falta de sueño.
- Estado de la piel: suele haber sudoración que mantiene la piel húmeda.
- Otras complicaciones: es habitual que se produzca fallo renal, rabdomiólisis severa y coagulación intravascular severa.
Medicamentos que pueden agravar el efecto del calor
Ciertos medicamentos y sustancias psicoactivas pueden dificultar la adaptación del organismo al calor, interferir en la sudoración, favorecer la deshidratación o alterar la termorregulación, especialmente si se consumen de forma inadecuada o en exceso, y se combinan con ejercicio y unas elevadas temperaturas ambientales.
Según este artículo sobre golpes de calor publicado por Elsevier, entre los principales fármacos que aumentan el riesgo de que esto suceda están aquellos que alteran el equilibrio hidroelectrolítico y la función circulatoria, como los diuréticos, agentes anticolinérgicos y betabloqueantes, y determinados psicofármacos que afectan a los centros de termorregulación, como algunos antidepresivos y antipsicóticos.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) amplía en profundidad la lista de factores de riesgo ambientales, personales y médicos, así como de medicamentos que pueden favorecer una peor adaptación al calor por parte del paciente. También advierte que el reajuste de dosis en un tratamiento crónico o la supresión de un tratamiento ante la sospecha de efectos adversos relacionados con el calor deben estar siempre sujetos a criterio médico. Además, subraya la importancia de respetar las medidas especiales de conservación especificadas en los prospectos de los medicamentos durante una ola de calor para evitar su deterioro.
En el caso concreto de medicamentos de uso habitual en régimen de automedicación, la AEMPS recomienda evitar los antiinflamatorios no esteroideos en caso, o ante sospecha, de deshidratación, por su posible toxicidad renal. Y frente a la fiebre durante un golpe de calor, cabe tener en cuenta que el paracetamol no solo no resulta eficaz, sino que podría agravar la posible afectación hepática que desencadene el propio golpe de calor.
Factores de riesgo
La AEMPS clasifica en cuatro categorías los factores de riesgo que pueden favorecer sufrir un golpe de calor:
- Patologías existentes: diabetes, aterosclerosis, hipertensión arterial no controlada, insuficiencia cardiaca, patología vascular periférica, Parkinson, hipertiroidismo, enfermedad psiquiátrica, trastornos de la alimentación, trastornos del sistema nervioso autónomo, infección, deshidratación, obesidad, lesiones extensas de la piel (escaras, quemaduras), insuficiencia respiratoria, Alzheimer, mucoviscidosis y drepanocitosis.
- Factores medioambientales: ausencia de árboles en el entorno de la vivienda, orientación al sur sin protección, ausencia de climatización, falta de acceso a una zona fresca durante la jornada, trabajar bajo condiciones de calor, vivir en los últimos pisos de un edificio, entorno muy urbanizado y con mucho asfalto, y vestimenta de trabajo gruesa o impermeable.
- Factores personales: grupos de riesgo como los ancianos, niños y especialmente lactantes menores de doce meses, personas dependientes o con alguna discapacidad, pacientes con antecedentes de trastornos por calor extremo, personas en situación de exclusión social o precariedad, y personas que desconocen las medidas de prevención y los efectos del consumo de drogas y alcohol durante una ola de calor.
- Consumo de ciertos medicamentos y sustancias psicoactivas, en la línea de lo ya comentado.
Síntomas y diagnóstico de un golpe de calor
Los golpes de calor requieren de un diagnóstico clínico que suele basarse en una combinación de síntomas entre los que se encuentran:
- Disfunción del sistema nervioso central (confusión, delirio, mareos, desmayos, convulsiones, coma, etc.).
- Ataxia o pérdida de control muscular (dificultades para caminar, hablar, tragar, etc.).
- Taquicardia.
- Taquipnea o respiración acelerada.
- Sudoración o no. La anhidrosis (ausencia de sudor) puede aparecer, sobre todo en el golpe de calor clásico, pero no siempre está presente.
- Temperatura central habitualmente superior a 40º C (no siempre se cumple en el golpe de calor por esfuerzo).
- Deshidratación.
- Náuseas y vómitos.
- Dolor de cabeza (cefalea).
- Irritabilidad.
- Piel seca, enrojecida y muy caliente, en casos de golpe de calor clásico.
- Debilidad y fatiga.
- Calambres musculares.
El especialista puede considerar evidente el diagnóstico sin necesidad de pruebas específicas si se combinan algunos de estos factores: calor ambiental, ejercicio intenso reciente, malfuncionamiento del sistema nervioso central y/o temperatura corporal superior a 40º C.
Entre las pruebas diagnósticas que pueden realizarse están los análisis de sangre, de orina, de drogas, así como la medición rectal de la temperatura corporal y de la tensión arterial.
En el caso de que la temperatura sea inferior a 40º C y el paciente presente alteraciones del estado mental, deben valorarse otras enfermedades, tales como alguna infección aguda (sepsis, paludismo, meningitis, etc.), epilepsia, accidente cerebrovascular, crisis tiroidea, entre otras.

¿En qué se diferencia un golpe de calor y una insolación?
A menudo existe cierta confusión entre los términos golpe de calor e insolación. La insolación es un concepto más ambiguo y menos científico. Se refiere específicamente al efecto que tiene en la salud la sobreexposición a los rayos solares en unas condiciones ambientales de considerable calor, sin una adecuada protección e hidratación y frecuentemente en las horas centrales del día. Es debido a una sobreactivación del sistema nervioso vegetativo parasimpático o vago, que reduce la tensión arterial y la frecuencia cardiaca, lo que provoca el mareo y el síncope. En cambio, el golpe de calor se puede producir en una estancia cerrada y mal aclimatada, sin que haya exposición al sol.
En principio la insolación describe un cuadro leve, pero puede agravarse si llega a producirse alteración de la conciencia, temperatura corporal muy elevada o un fallo de termorregulación.
El golpe de calor estaría un escalón por encima en gravedad al tener entre sus características distintivas la afectación del sistema nervioso central, con riesgo de disfunción multiorgánica.
Medidas de choque
Ante la sospecha de golpe de calor, lo primero es llamar a los servicios de emergencia mientras se aplican las medidas de enfriamiento. Es importante llevar a la persona a un lugar fresco y ventilado a la sombra, tumbarla, aflojarle la ropa y retirarle las prendas innecesarias. Si está consciente, no vomita y no tiene dificultad para tragar, puede beber agua fresca en pequeños sorbos.
Si existe pérdida de conciencia o confusión mental, hay que llevarle urgentemente a un centro hospitalario.
También es prioritario bajar lo más rápidamente posible la temperatura corporal si ha rebasado los 40º C, preferiblemente en los primeros 30 minutos para evitar el daño permanente de tejidos. Una técnica eficaz es la inmersión en un tanque de agua fría o helada o, en su defecto, una ducha fría. Este método de enfriamiento requiere especial supervisión y medios cuando los afectados son niños o ancianos, dadas sus dificultades para regular su temperatura corporal en circunstancias normales. El temblor que experimentará el paciente puede reducirse administrando benzodiazepina a criterio médico.
Otra técnica menos radical es el enfriamiento por evaporación, eficaz en pacientes con una situación cardiaca óptima. Se lleva a cabo pulverizando agua tibia sobre la piel y colocando a la persona ante un ventilador de grandes dimensiones en funcionamiento.
Un método más casero es aplicar paños húmedos y fríos sobre la piel del paciente imitando el efecto del sudor en la piel. Se recomienda priorizar su colocación en cuello, axilas, ingles y porciones de piel sin vello, tales como las palmas de las manos, plantas de los pies, mejillas y frente, ya que presentan vasos circulatorios subcutáneos densamente agrupados, lo que puede agilizar el enfriamiento.
La literatura científica recomienda interrumpir las medidas de enfriamiento una vez el cuerpo alcance la temperatura de 39º C.
En algunos casos el paciente puede requerir medidas clínicas más contundentes de soporte vital como reanimación, administración de oxígeno suplementario, reemplazo intravenoso de líquidos/electrolitos e, incluso, hemodiálisis. El golpe de calor es una emergencia médica con riesgo vital. En ocasiones requiere ingreso en una Unidad de Cuidados Intensivos.
Recomendaciones preventivas
Algunas de las medidas preventivas más eficaces para evitar un golpe de calor pueden parecer evidentes, pero no siempre se cumplen, por lo que es vital recordarlas y tenerlas muy presente durante el verano.
Ante una ola de calor, la semFYC recomienda:
- Hidratarse de forma constante y evitar el consumo de alcohol y estupefacientes.
- Evitar la exposición directa al sol, especialmente en las horas de mayor radiación (entre las 12 y las 18 horas).
- Vestir ropa elaborada con tejidos frescos y transpirables, y de tonos claros.
- Hacer descansos frecuentes en lugares frescos si se va a participar en alguna actividad al aire libre.
- No practicar deporte en las horas centrales del día.
- Vigilar que las personas más vulnerables (ancianos, lactantes, embarazadas, enfermos crónicos, etc.) estén correctamente hidratadas y no se expongan a temperaturas extremas.
- Consultar al médico posibles efectos adversos del calor si se toma una medicación específica de forma regular.
Los niños pequeños y, en especial, los lactantes, precisan una atención específica. La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda como medidas preventivas frente a los golpes de calor:
- Ofrecerles líquidos, aunque no los pidan (a los lactantes, leche materna), darles una dieta ligera que incluya frutas y verduras frescas.
- Evitar que hagan ejercicio físico excesivo en las horas de más calor y plantear juegos más tranquilos.
- Vestirles con ropa fresca, de tonos claros, protegerles la cabeza con un gorro o sombrero y aplicarles regularmente crema protectora solar.
- Refrescar el ambiente con ventiladores o aire acondicionado, mantenerlos en lugares frescos y mojarles con frecuencia.
- Nunca dejar a un niño solo dentro de un coche apagado, ni al sol, ni a la sombra. El habitáculo puede alcanzar temperaturas muy elevadas en verano.
La OMS recuerda que forma parte de la responsabilidad ciudadana consultar información actualizada sobre alertas y eventos meteorológicos adversos en los organismos oficiales. Una recomendación general frente al calor ambiental es ventilar las casas por las noches y mantener las ventanas cerradas y persianas bajadas durante el día, así como no encender ventiladores cuando la temperatura ambiente supere los 40º C.
Cuida tu salud con HM Hospitales
En HM Hospitales contamos con un servicio de Urgencias en el que profesionales de diferentes especialidades y personal de enfermería cualificado atiende cada verano a pacientes con golpes de calor.
Conscientes de que la prevención es la mejor forma de evitar este grave riesgo para la salud, desde HM Hospitales la recomendación central de cara a este periodo estival es mantenernos hidratados y seguir todas las medidas preventivas mencionadas en este artículo. El agua es nuestro componente fundamental y consumirla con frecuencia nos va a ayudar a evitar la deshidratación y a favorecer la termorregulación. En situaciones de sudoración intensa o ejercicio prolongado, también puede ser necesario reponer electrolitos.
Además, es recomendable evitar el consumo de bebidas alcohólicas y bebidas muy diuréticas, así como las ricas en cafeína, porque pueden inducir deshidratación ante la falta de consumo de agua y la elevación de las temperaturas.
Recuerda que este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye la consulta médica. Ante cualquier síntoma agudo o duda sobre tu salud, consulta siempre con un especialista.
