Aproximadamente entre 10 y 14 días después de la transferencia, se realiza una prueba de sangre para medir los niveles de beta-hCG, una hormona producida por el embrión en desarrollo. Un nivel positivo de beta-hCG confirma que la implantación ha ocurrido.
Si la prueba de embarazo es positiva, se programan ecografías transvaginales alrededor de las semanas 5 a 7 del embarazo para confirmar la ubicación del embarazo dentro del útero y escuchar el latido cardíaco del feto. Además, se monitorean los niveles de progesterona y estrógenos mediante análisis de sangre para asegurar que sean adecuados para mantener el embarazo.
Durante todo el período se continuará, además, con las consultas regulares para evaluar el progreso del embarazo. Se aconseja seguir, por supuesto, un estilo de vida saludable, evitar el consumo de sustancias perjudiciales y gestionar el estrés en la medida de lo posible.