Para comprender el trastorno bipolar es importante diferenciarlo de los cambios de humor habituales. Aunque es un trastorno cada vez más conocido, todavía existen dificultades para reconocerlo y diagnosticarlo correctamente.
De hecho, una encuesta clásica realizada por la National Depressive and Manic-Depressive Association (DMDA) señaló que aproximadamente el 69 % de las personas con trastorno bipolar había recibido inicialmente un diagnóstico incorrecto, y que el diagnóstico correcto podía demorarse más de 9 años.
Una de las razones es que los síntomas del trastorno bipolar pueden confundirse con los de otros problemas de salud mental, especialmente cuando la persona consulta durante un episodio depresivo y no se identifican antecedentes de episodios maníacos o hipomaníacos. Por ello, para realizar un diagnóstico adecuado es fundamental valorar la evolución de los síntomas a lo largo del tiempo y no únicamente el estado de ánimo presente.
Además, en el lenguaje cotidiano utilizamos con frecuencia expresiones como «es bipolar» para describir a alguien que cambia de humor. Sin embargo, tener cambios de humor no significa tener un trastorno bipolar. Se trata de un trastorno de salud mental que implica episodios definidos de alteración del estado de ánimo, la energía y la actividad, con una repercusión que puede ser importante en la vida de la persona.
Qué es el trastorno bipolar
El trastorno bipolar es un trastorno de salud mental que se caracteriza por la aparición de episodios de alteración del estado de ánimo, la energía y el nivel de actividad, que pueden incluir episodios maníacos, hipomaníacos y depresivos.
La diferencia con los cambios de humor habituales es importante: no se trata simplemente de estar más alegre o más triste dependiendo del día, sino de episodios que pueden prolongarse durante días o semanas y que producen cambios apreciables en el funcionamiento habitual de la persona.
Durante estos episodios pueden verse afectados el sueño, la actividad, la capacidad de concentración, el juicio, las relaciones y la capacidad para desenvolverse en el día a día.
Los episodios del trastorno bipolar
El trastorno bipolar puede manifestarse a través de distintos tipos de episodios, cuya intensidad, duración y características pueden variar de una persona a otra.
Episodio maníaco
Un episodio maníaco se caracteriza por un periodo claramente anormal y persistente de elevación, expansión o irritabilidad del estado de ánimo, acompañado de un aumento de la energía y la actividad. Entre sus manifestaciones pueden encontrarse:
- Aumento llamativo de la energía y de la actividad.
- Menor necesidad de dormir.
- Mayor rapidez del pensamiento y del habla.
- Aumento de la confianza en uno mismo.
- Mayor facilidad para distraerse.
- Incremento de actividades o proyectos.
- Conductas impulsivas o de riesgo, como gastos excesivos o conductas sexuales de riesgo.
Durante un episodio maníaco, la persona puede tener dificultades para reconocer que está atravesando un problema y percibir su comportamiento como positivo o especialmente productivo. En algunos casos, la intensidad del episodio puede provocar un deterioro importante del funcionamiento o requerir hospitalización.
Episodio hipomaníaco
La hipomanía comparte características con la manía, pero es de menor intensidad y no produce el deterioro funcional grave característico de un episodio maníaco.
Puede manifestarse como un aumento de energía, menor necesidad de dormir, mayor actividad, rapidez del pensamiento y del habla o una sensación de mayor productividad y confianza.
Precisamente porque puede resultar inicialmente agradable o interpretarse como una etapa especialmente productiva, la hipomanía puede pasar desapercibida. Sin embargo, forma parte del patrón clínico del trastorno bipolar tipo II y debe diferenciarse de las variaciones normales del estado de ánimo.
Episodio depresivo
Durante un episodio depresivo pueden aparecer tristeza persistente, pérdida de interés o capacidad para disfrutar, falta de energía, alterations del sueño o del apetito, dificultades de concentración, sentimientos de culpa o inutilidad y, en los casos más graves, pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.
En algunas personas, los episodios depresivos ocupan una parte importante del curso del trastorno. Esto puede dificultar el diagnóstico si no se exploran de forma específica antecedentes de periodos de aumento de energía, actividad o disminución de la necesidad de dormir.
Por este motivo, ante una persona que consulta por depresión, es importante conocer la evolución de sus síntomas a lo largo del tiempo y preguntar por posibles episodios previos de manía o hipomanía.

Trastorno bipolar tipo 1 y tipo 2
No todos los casos de trastorno bipolar son iguales. La clasificación distingue, entre otras formas, el trastorno bipolar tipo I y el tipo II.
| Característica | Tipo 1 | Tipo 2 |
|---|---|---|
| Episodios de euforia | Manía, de intensidad marcada | Hipomanía, de menor intensidad |
| Duración de esos episodios | Al menos 7 días, salvo que requiera hospitalización antes | Al menos 4 días |
| Repercusión | Puede producir un deterioro importante del funcionamiento o requerir hospitalización | No produce el deterioro grave característico de la manía |
| Episodios depresivos | Pueden aparecer, aunque no son imprescindibles para el diagnóstico | Forman parte del diagnóstico |
| Detección | La manía suele hacer más evidente el trastorno | Puede resultar más difícil de identificar porque la hipomanía puede pasar desapercibida |
Los criterios de duración son importantes para la clasificación, pero el diagnóstico requiere una valoración clínica global y no puede establecerse únicamente a partir del número de días de un cambio de ánimo.
Causas del trastorno bipolar
La causa del trastorno bipolar es principalmente biológica. Se produce una alteración del sistema límbico y de diferentes neurotransmisores, como la dopamina, la serotonina y la acetilcolina.
Los estudios también señalan que los acontecimientos vitales y los factores estresantes crónicos pueden desencadenar episodios (Anderson et al., 2016).
Esta doble dimensión es importante de entender: existe una base biológica que no depende de la voluntad de la persona, y al mismo tiempo hay factores que influyen en la aparición de los episodios y sobre los que sí se puede intervenir, como el estrés sostenido, la falta de sueño o el consumo de sustancias.
Tratamientos del trastorno bipolar
Su abordaje ha sido clásicamente farmacológico, con estabilizadores del estado de ánimo. Sin embargo, en los últimos años se ha demostrado que su combinación con distintos tratamientos psicológicos permite una mayor mejoría en estas personas.
Entre las intervenciones psicológicas con respaldo se encuentran:
- Psicoeducación y programas para mejorar la adherencia a la medicación.
- Terapia marital y familiar.
- Terapia cognitivo-conductual.
El tratamiento farmacológico es la base y no debe interrumpirse ni modificarse sin indicación médica, algo especialmente relevante en este trastorno, porque durante los episodios de euforia es frecuente que la persona sienta que ya no lo necesita.
Qué ayuda además del tratamiento
- Mantener rutinas estables, sobre todo de sueño. La alteración del sueño es a la vez síntoma y desencadenante de episodios.
- Identificar las señales precoces de un nuevo episodio.
- Evitar el alcohol y otras sustancias, que interfieren con la medicación y precipitan recaídas.
- Manejar el estrés y sostener una red de apoyo.
- Acudir a las revisiones de forma regular, también en las fases de estabilidad.
El papel de la familia
Respecto a la familia del paciente, es importante que tenga información certera sobre el trastorno y que este no se convierta en un secreto, sino que se sepa que es algo de lo que se puede hablar. Resulta además muy importante para ayudar a mantener el control del consumo de la medicación.
A ello conviene añadir algunas pautas que facilitan mucho la convivencia:
- Aprender a distinguir los síntomas de la persona. No todo lo que hace o siente es el trastorno, y atribuirlo todo a él resulta invalidante.
- Reconocer las señales precoces de un episodio, que la familia suele detectar antes que el propio paciente.
- No discutir con el contenido de un episodio maníaco. Durante la manía el juicio está alterado y la confrontación directa rara vez funciona.
- Acordar en las fases estables cómo actuar cuando aparezca un nuevo episodio, incluida la decisión de consultar.
- Cuidar el propio bienestar del entorno. El desgaste familiar es real y también merece atención.
Preguntas frecuentes sobre el trastorno bipolar
¿Se puede llevar una vida normal con trastorno bipolar?
Sí. Es un trastorno grave y crónico, pero también muy tratable, y con un tratamiento adecuado y sostenido la mayoría de las personas mantiene su actividad laboral, sus estudios y sus relaciones con normalidad entre los episodios. La clave está en tres factores: el diagnóstico correcto, la adherencia al tratamiento y la detección precoz de las recaídas. Lo que sí requiere es un seguimiento a largo plazo y una cierta atención a los hábitos, especialmente al sueño y al consumo de sustancias. El pronóstico empeora sobre todo cuando el diagnóstico se retrasa años o cuando el tratamiento se interrumpe de forma repetida.
¿Es hereditario el trastorno bipolar?
Existe un componente genético significativo: tener un familiar de primer grado con el trastorno aumenta la probabilidad de presentarlo. Pero la herencia no es determinante: la mayoría de las personas con antecedentes familiares no desarrolla el trastorno, y muchas de las que lo padecen no tienen antecedentes conocidos. Lo que se hereda es una predisposición, sobre la que actúan después otros factores. Si hay antecedentes en tu familia, lo útil no es preocuparse de forma anticipada, sino conocer las señales de alarma y consultar precozmente ante cambios llamativos y sostenidos del estado de ánimo, porque en este trastorno el tiempo hasta el diagnóstico marca una diferencia importante.
¿En qué se diferencia de tener cambios de humor frecuentes?
Es la confusión que da origen al uso coloquial del término y merece aclararse. Los cambios de humor habituales son reactivos, es decir, responden a lo que ocurre alrededor, duran minutos u horas y no alteran el funcionamiento de la persona. Los episodios del trastorno bipolar se prolongan durante días o semanas, no siempre guardan relación con acontecimientos externos, y modifican de forma marcada la energía, el sueño, la actividad, el juicio y la capacidad de funcionar. Alguien que pasa de estar contento a enfadado en una tarde no está teniendo un episodio: está teniendo un día. Ante una duda real, la valoración profesional es lo que permite distinguirlo.
Cuida tu salud con HM Hospitales
El trastorno bipolar tarda una media de más de nueve años en diagnosticarse correctamente, y ese retraso tiene consecuencias evitables. Reconocer el patrón y consultar a tiempo cambia el curso del trastorno.
En HM Hospitales contamos con una Unidad de Atención Psicológica que trabaja de forma coordinada en el abordaje psicológico del trastorno bipolar, la psicoeducación y el acompañamiento a las familias. El objetivo es ofrecer una atención adaptada a las necesidades de cada paciente, proporcionando herramientas que ayuden a comprender cada caso, identificar posibles señales de alerta y afrontar sus efectos en el día a día.
Recuerda que este contenido tiene un carácter informativo y no sustituye la valoración médica. Ante cualquier duda, consulta con un profesional sanitario.
