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Onfalitis: signos de infección en el cordón umbilical

Recién nacido acostado en una cuna mostrando la evolución y cicatrización del cordón umbilical.

El cuidado del cordón umbilical suele ser una de las principales preocupaciones de los padres primerizos. Durante los primeros días de vida es normal que su aspecto cambie a medida que cicatriza, lo que puede generar dudas e inquietud. Sin embargo, la complicación que requiere una mayor vigilancia es la onfalitis, una infección bacteriana poco frecuente en entornos con buenas condiciones higiénicas, pero que necesita atención médica inmediata para evitar complicaciones.

¿Qué es exactamente la onfalitis?

La onfalitis es el término médico que se utiliza para describir la infección bacteriana del cordón umbilical y de los tejidos que se encuentran justo a su alrededor, en la zona periumbilical. Se trata de un cuadro clínico típicamente propio del periodo neonatal, que se puede manifestar con mayor frecuencia durante la primera semana de vida del recién nacido.

Cuando el bebé nace y se le corta el cordón, el pequeño fragmento que queda (el tocón umbilical) pasa por un proceso de desprendimiento natural. Durante esos días, al tratarse de un tejido expuesto y en proceso de secado, puede convertirse en una puerta de entrada para ciertos microorganismos si no se mantienen unas pautas básicas de higiene. Tal y como explica la Asociación Española de Pediatría, aunque es una patología que requiere valoración médica inmediata para evitar que se extienda, la incidencia de la onfalitis en entornos hospitalarios es realmente baja, puesto que afecta a menos del 1% de los bebés.

Evolución normal del cordón umbilical en el recién nacido

Para cuidar bien el ombligo del bebé, el primer paso es saber qué aspecto tiene un proceso normal de cicatrización. Cuando el niño nace, el cordón umbilical es una estructura húmeda, gelatinosa y blanquecina. A partir de ese momento, comienza un proceso natural de momificación o secado.

Con el paso de los días, el cordón va perdiendo su humedad, se vuelve de un tono marrón oscuro o negruzco y se va endureciendo de forma progresiva. Este proceso fisiológico concluye con la caída del tocón umbilical, algo que suele suceder de manera habitual entre los primeros 5 y 15 días de vida del lactante.

Es fundamental tener en cuenta que, justo en el momento en el que el cordón se desprende o en los días inmediatamente posteriores, es completamente normal que aparezca un exudado leve, es decir, una pequeña cantidad de líquido o secreción en la base del ombligo. Es parte de la cicatrización natural y no significa que haya una infección, siempre y cuando no se acompañe de otros síntomas. No obstante, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) aconseja vigilar de cerca la zona durante esos días concretos para confirmar que la piel circundante sigue estando completamente sana.

Síntomas de la infección de cordón umbilical

Los signos más característicos de la onfalitis son fundamentalmente locales y se localizan en la piel de la zona del ombligo:

  • Eritema y edema. La piel de alrededor del ombligo se vuelve roja (eritematosa) y se inflama (edema).
  • Induración y dolor. Si se palpa con suavidad la zona periumbilical, se nota más dura de lo habitual y el bebé muestra dolor o quejas al rozarle o limpiarle.
  • Secreción o exudado purulento. Aparece un flujo espeso, similar al pus, que sale por la base del cordón.
  • Mal olor. La zona desprende un olor desagradable.

En la gran mayoría de los casos, la onfalitis se presenta como una infección estrictamente local y el recién nacido mantiene un buen estado general. Sin embargo, si la infección progresa, pueden aparecer síntomas generales o sistémicos. Según señalan desde la Sociedad Española de Urgencias en Pediatría (SEUP), estos síntomas de complicación incluyen:

  • Fiebre, pero también puede aparecer hipotermia.
  • Letargia. El bebé está excesivamente adormilado, decaído y cuesta despertarle.
  • Rechazo a las tomas o vómitos.
  • Afectación del estado general del recién nacido.
  • Piel de naranja en el abdomen del bebé. Puede ser el aviso inicial de una complicación del tejido subcutáneo.
Madre abrazando a su recién nacido en un contacto piel con piel para favorecer su cuidado y salud.

¿Cuáles son las causas de la onfalitis?

La onfalitis se produce cuando microorganismos colonizan e invaden el tejido umbilical. Tras el pinzamiento, el cordón umbilical pierde su irrigación sanguínea y se convierte en un tejido en proceso de secado y desprendimiento, lo que puede favorecer el crecimiento de gérmenes si concurren determinadas circunstancias.

En la mayoría de los casos se trata de una infección polimicrobiana, es decir, intervienen varias especies bacterianas de forma simultánea. Entre las más frecuentes se encuentran Staphylococcus aureus, estreptococos como Streptococcus pyogenes y bacterias Gram negativas como Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae o Proteus mirabilis. En determinados contextos también pueden participar bacterias anaerobias.

Aunque es una afección poco frecuente, existen algunos factores que aumentan el riesgo de que un recién nacido la desarrolle. Entre los principales se encuentran:

  • Manipulación e higiene inadecuada. No lavarse las manos antes de limpiar el cordón o mantener la zona húmeda y tapada de forma incorrecta aumenta el riesgo de infección.
  • Factores del parto. Partos que han tenido lugar en el propio domicilio sin asistencia sanitaria estéril, un periodo expulsivo muy prolongado o antecedentes de infección en las membranas de la madre (corioamnionitis), también son factores a considerar.
  • Prematuridad y bajo peso al nacer. Los bebés nacidos antes de tiempo tienen un sistema inmune más inmaduro.
  • Procedimientos médicos. Los recién nacidos que han necesitado una vía en los vasos del cordón durante sus primeros días en el hospital pueden desarrollar con mayor facilidad una onfalitis.
  • Alteraciones inmunitarias. Cuando el bebé tiene problemas inmunitarios no puede hacer frente con facilidad a los agentes externos.

¿Cómo se diagnostica la onfalitis?

El pediatra o el médico de Urgencias puede determinar que existe una infección simplemente observando el ombligo del bebé y detectando la presencia de los síntomas que hemos descrito. No obstante, el protocolo establece que se deben hacer las siguientes pruebas:

  • Cultivo del exudado. Se toma una muestra de la secreción del ombligo con un bastoncillo estéril para analizar en el laboratorio qué bacterias están provocando la infección.
  • Hemocultivo. Se hace un análisis de sangre para realizar un cultivo bacteriano en todos los casos de sospecha. El objetivo es confirmar al 100% que las bacterias no han pasado a la sangre.
  • Analítica general de sangre. En los bebés que requieren ingreso o muestran síntomas generales, se analizan los glóbulos blancos (leucocitos y neutrófilos) y la proteína C reactiva o la procalcitonina, que ayudan a medir el nivel de inflamación o detectar si hay una infección bacteriana extensa.
  • Ecografía abdominal. Si el especialista sospecha que la infección ha podido penetrar hacia el interior del abdomen, puede hacer una ecografía de la pared abdominal para descartar complicaciones internas.

¿Cuál es el tratamiento de la onfalitis?

El abordaje médico de la onfalitis depende de la extensión y de la gravedad de los síntomas que presente el bebé, pero siempre tiene como pilar el uso de antibióticos para eliminar las bacterias implicadas.

En los casos leves o no complicados, cuando el diagnóstico es precoz y los síntomas se centran en el ombligo levemente enrojecido, con pruebas analíticas normales, sin apenas supuración y con un bebé que come bien y está activo, se puede llevar a cabo el tratamiento de forma ambulatoria. Tras recoger los cultivos obligatorios, se pauta un tratamiento tópico local mediante pomadas antibióticas.

Cuando hay sospecha de progresión, con induración y secreción purulenta, se recomienda el ingreso para hacer un tratamiento antibiótico por vía intravenosa.

Los protocolos indican que la duración estándar del tratamiento antibiótico completo para asegurar la total erradicación de la bacteria suele ser de unos 10 días, aunque hay que valorar cada caso de forma individual.

Prevención y cuidados diarios en casa para evitar la onfalitis

Aunque la onfalitis es poco frecuente, una correcta higiene del cordón umbilical es fundamental para reducir el riesgo de infección y favorecer su cicatrización. Estas son las principales recomendaciones para su cuidado:

  • Higiene de manos. Hay que lavarse muy bien las manos con agua y jabón antes y después de cambiar el pañal del bebé o tocar la zona de su ombligo.
  • Limpieza básica. El cordón umbilical debe estar limpio lavándolo simplemente con agua y un jabón neutro si se ensucia con orina o heces. Tras el lavado, se debe secar muy bien toda la zona con una gasa limpia, dando pequeños toques sin raspar.
  • Exposición al aire. Se debe dejar el cordón al aire libre. Al colocar el pañal, dobla la parte delantera hacia abajo para que el tocón umbilical quede fuera.
  • Evitar productos innecesarios y lavar el cordón solo con agua y jabón.
  • El contacto piel con piel. Fomentar el contacto directo del cuerpo del bebé con el de la madre o el padre de forma temprana actúa como un factor protector natural, ya que favorece que la piel del recién nacido se colonice adecuadamente.

Cuida tu salud con HM Hospitales

El cordón umbilical suele cicatrizar sin problemas durante las primeras semanas de vida, pero es importante consultar con un profesional sanitario ante cualquier duda o signo de alarma.

En el Servicio de Pediatría y Neonatología de HM Hospitales contamos con especialistas y unidades específicas para valorar cualquier incidencia relacionada con la salud de tu bebé y ofrecer la atención que necesite desde sus primeros días de vida. Nuestros especialistas están a tu entera disposición para acompañarte en el cuidado de tu hijo, garantizando su tranquilidad y una rápida valoración si detectas cualquier síntoma sospechoso.

Recuerda que este artículo tiene un fin meramente divulgativo y no sustituye la consulta médica. Ante cualquier duda o sospecha de infección, consulta con un profesional de la salud.

Artículo validado por
Dra. María González López
Pediatría
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