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La fiebre alta y la aparición de manchas rojas en la piel de un niño suelen encender las alarmas. Aunque el sarampión pueda parecer una enfermedad del pasado, sigue siendo una infección muy contagiosa que conviene reconocer a tiempo. La erupción cutánea asociada presenta un patrón característico. La vacunación sigue siendo la mejor manera para prevenirlo.
¿Qué es el sarampión y cómo reconocer sus síntomas?
El sarampión es una infección causada por un virus de la familia de los paramixovirus. Aunque a menudo se asocia solo con manchas en la piel, en realidad es una enfermedad que tiene compromiso respiratorio, y en algunos casos afectación sistémica, pudiendo comprometer la vida del niño.
Lo primero que debemos saber es que el sarampión tiene un guion de actuación muy establecido. Las manchas no aparecen de repente, antes de que la piel cambie, se suceden una serie de signos y síntomas característicos. El proceso suele dividirse en varias etapas claras, según recoge la Asociación Española de Pediatría:
Periodo de incubación
Desde que el niño entra en contacto con alguien que padece la enfermedad hasta que aparecen los primeros síntomas, suelen pasar entre 7 y 14 días. Durante este tiempo, el niño parece estar sano, pero el virus se está replicando silenciosamente en su organismo.
Fase de catarro (pródromos)
Dura de 3 a 5 días y es la que suele confundirse con un resfriado común o una gripe. Los síntomas principales son:
- Fiebre. Suele ser bastante alta, alcanzando los 39º C o 40º C.
- Tos. Es una tos seca, persistente y bastante molesta.
- Rinitis. El niño tiene mucho moco y estornuda con frecuencia.
- Conjuntivitis. Los ojos se ponen rojos, llorosos y, lo más característico, molesta mucho la luz.
- Manchas de Koplik. Este es el signo característico del sarampión. Se trata de unas manchas diminutas que aparecen en la mucosa de la boca, por dentro de las mejillas, y que parecen granitos de sal blanca sobre un fondo rojizo. Son características del sarampión por lo que, si un médico las ve, sabe casi al 100% que se trata de sarampión antes de que salga el sarpullido.
Exantema o sarpullido
Unos días después de empezar la fiebre, aparece la erupción cutánea. Es en este momento cuando la fiebre suele alcanzar su punto máximo. Una vez que el sarpullido se extiende por todo el cuerpo, la temperatura suele empezar a bajar de forma gradual. unas personas también presentan sensación de debilidad, cansancio o pérdida del apetito. El principal riesgo asociado a esta infección es la deshidratación, causada por la pérdida de líquidos y electrolitos debido a los vómitos y la diarrea.
Manchas rojas en la piel: cómo reconocer las del sarampión
El exantema del sarampión no es aleatorio sino ordenado y predecible. Estas son sus características más destacadas para saber que estamos hablando de sarampión:
- Progresión descendente. El sarampión siempre empieza por la cabeza. Las primeras manchas suelen aparecer detrás de las orejas y en la línea del cabello. De ahí bajan a la cara, al cuello, los hombros y, en los siguientes días, llegan al tronco, los brazos. Por último, a las piernas y pies. Es lo que se denomina progresión cefalocaudal.
- Morfología de las manchas. Son manchas de color rojo intenso, algo elevadas al tacto (máculas y pápulas). Lo más curioso es que tienen tendencia a confluir y las manchas se van uniendo unas con otras hasta formar grandes parches rojos, dejando muy poco espacio de piel sana entre medias.
Desvanecimiento. La vida media del exantema suele ser de unos 5 o 6 días. Cuando empieza a desaparecer, lo hace en el mismo orden en que apareció: primero desaparece de la cara y por último de los pies. A veces, la piel queda con un tono pardusco o se descama un poco, como si nos hubiéramos quemado por el sol.
¿Cómo se contagia el sarampión?
Si algo define al sarampión es su increíble capacidad de propagación y contagio, ya que se transmite por el aire. Cuando una persona infectada tose, habla o estornuda, expulsa unas microgotitas que contienen el virus, que puede permanecer flotando en el aire o vivo en una superficie hasta dos horas después de que la persona haya abandonado el lugar. Esto significa que un niño podría contagiarse simplemente al entrar en una sala de espera donde estuvo alguien con sarampión hace una hora.
El periodo de mayor riesgo de contagio del virus abarca desde 4 días antes de que se manifiesten las manchas hasta 4 días después de su aparición. El problema es que, durante esos primeros días de catarro, los padres aún no saben que es sarampión y el niño sigue haciendo vida normal, contagiando sin saberlo a otras personas.

Tratamiento: ¿qué hacer en caso de sarampión?
Lo primero que debemos dejar claro es que el sarampión es un virus, por ello, los antibióticos no sirven para curarlo. El tratamiento es sintomático, centrado en que el paciente esté lo más cómodo posible mientras sus defensas hacen su trabajo.
Estas son las medidas básicas para hacer este periodo más llevadero:
- Control de la fiebre. Se utilizan analgésicos y antitérmicos de uso común como el paracetamol o el ibuprofeno.
- Hidratación máxima. Con la fiebre alta se pierde mucho líquido, por lo que hay que ofrecer al niño agua, caldos, zumos o sueros con frecuencia.
- Ambiente confortable. Debido a la fotofobia, es mejor mantenerlo en una habitación con luz tenue.
- Higiene ocular. Limpiar las secreciones de los ojos con gasas limpias y suero fisiológico ayuda a aliviar las molestias de la conjuntivitis.
- Vitamina A. En algunos casos de sarampión grave, la administración de suplementos de vitamina A puede ayudar a reducir las complicaciones, siempre y cuando esté pautada por un médico.
Sarampión vs. varicela, ¿cuáles son sus diferencias?
Es muy frecuente que se confundan el sarampión y la varicela, ya que ambas cursan con fiebre y manchas. No obstante, se trata de dos enfermedades fáciles de diferenciar.
El tipo de lesión
- Sarampión. Las manchas en la piel son rojas y planas porque no suelen tener líquido, y se juntan entre sí.
- Varicela. Las lesiones en la piel son vesículas; es decir, unas ampollas pequeñas llenas de un líquido transparente, como gotas de agua, sobre una base roja. Estas ampollas terminan rompiéndose y formando costras.
El picor
- Sarampión. Las manchas no suelen picar o pican muy poco.
- Varicela. El picor es insoportable y desesperante para el niño. Es la característica principal de la enfermedad.
La distribución
- Sarampión. Como hemos comentado, la aparición de las manchas sigue un orden de arriba a abajo.
- Varicela. Las lesiones empiezan habitualmente en el tronco o el cuero cabelludo y se reparten de forma mucho más aleatoria por todo el cuerpo. Además, en la varicela vemos lo que se llama mapa de estrellas, donde en una misma zona podemos ver granitos nuevos, ampollas y costras, todo a la vez.
Otros síntomas que acompañan a estas enfermedades
El sarampión siempre viene con un cuadro respiratorio muy marcado, como la tos y los ojos rojos, mientras que la varicela, aunque puede dar fiebre y malestar, no suele venir acompañada de tos intensa ni de la conjuntivitis característica del sarampión.
La vacuna
La razón por la que en España no vemos sarampión todos los días es gracias a la vacuna triple vírica, que incluye protección frente al sarampión, rubéola y parotiditis.
En este contexto hay que tener en cuenta la inmunidad de grupo. Para que el virus no pueda transmitirse de una persona a otra se necesita que al menos el 95% de la población esté vacunada.
¿Qué pasa si bajamos la guardia? El virus es un experto en encontrar brechas para colarse. Si hay un grupo de niños sin vacunar, el virus entrará y se propagará rápidamente en su entorno. Por eso, es fundamental seguir el calendario de vacunación, que en España recomienda dos dosis: una, a los 12 meses y otra, entre los 3 y 4 años.
Actualmente, debido al aumento del movimiento antivacunas, han repuntado los casos de sarampión, que ya se consideraba erradicado, por lo que en muchas comunidades se está recomendando adelantar la inmunización a los 2 años para proteger a los niños.
La vacuna es extraordinariamente segura y eficaz. Al vacunar a nuestros hijos, no solo los protegemos a ellos, sino que estamos protegiendo a los bebés que aún son muy pequeños para recibir la dosis o a niños con enfermedades graves que no pueden vacunarse y dependen de que los demás lo estemos.
Aunque la mayoría de los niños pasan el sarampión sin problemas, a veces surgen complicaciones como otitis, neumonía o, en casos muy raros, complicaciones graves inflamación del cerebro (encefalitis) o insuficiencia respiratoria. Si el niño tiene dificultad para respirar, dolor de oído fuerte o está muy adormilado, hay que consultar al médico de inmediato.
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Ya sea para resolver dudas sobre el calendario de vacunación o para realizar un seguimiento clínico ante la aparición de fiebre y manchas en la piel, nuestros profesionales te ofrecen una atención integral y personalizada en un entorno seguro. Nuestro compromiso es acompañar a las familias en el crecimiento saludable de los más pequeños, aportando tranquilidad y excelencia asistencial.
Recuerda que este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye la consulta médica. Ante cualquier síntoma o duda, consulta con un profesional de la salud.
