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«Tengo miedo»: cuando el miedo se convierte en fobia

Mujer cubriéndose el rostro abrumada en medio de una multitud en movimiento por un ataque de pánico o fobia.

«Me da miedo», «tengo pánico» son expresiones cada vez más comunes en nuestro día a día, que solemos utilizar cuando una situación, o la anticipación de esta, nos produce temor. Pero… ¿es malo tener miedo?

El miedo como emoción adaptativa

El miedo es una emoción básica y adaptativa: nos ayuda a detectar posibles amenazas y a prepararnos para responder ante ellas. Sin embargo, puede convertirse en un problema cuando la respuesta de miedo o ansiedad es muy intensa o persistente, resulta desproporcionada respecto a la amenaza y empieza a interferir de forma significativa en la vida cotidiana.

En las fobias, el miedo o la ansiedad aparecen ante determinados objetos o situaciones y son desproporcionados respecto al peligro real. No todo miedo intenso es una fobia: para hablar de un trastorno, los síntomas deben producir un malestar significativo o interferir en la vida de la persona.

El miedo puede aparecer ante la propia situación, objeto o estímulo, pero también al anticipar que tendremos que enfrentarnos a él.

Qué caracteriza a un miedo irracional

Las personas con una fobia pueden experimentar miedo o ansiedad intensa al encontrarse ante el estímulo temido o incluso al anticipar que tendrán que enfrentarse a él.

Estas reacciones suelen percibirse como:

  • Automáticas.
  • Incontrolables.
  • Desproporcionadas respecto al peligro real.

El miedo no es solo al estímulo

No obstante, el miedo que sufren las personas fóbicas no es exclusivamente al estímulo fóbico. También les puede atemorizar:

  • Perder el control de sí mismos.
  • Tener que pedir ayuda a terceros.
  • Las propias sensaciones de ansiedad.

(Bados López, 2006).

Este aspecto es importante porque explica algo que puede desconcertar: una persona puede evitar una situación no tanto por el estímulo en sí, sino por miedo a las sensaciones de ansiedad o a lo que cree que podría ocurrir si aparecen. Por eso, el tratamiento puede trabajar tanto sobre las situaciones temidas como sobre la respuesta de miedo y las conductas de evitación.

Tipos de fobias

En el DSM-5-TR, las principales condiciones relacionadas con las fobias y el miedo intenso incluyen la fobia específica, el trastorno de ansiedad social y la agorafobia. Son diagnósticos diferentes, aunque comparten algunos mecanismos de miedo, anticipación y evitación.

CategoríaEn qué consiste
Fobia socialMiedo intenso a situaciones sociales o de exposición ante otros
AgorafobiaMiedo a situaciones de las que resultaría difícil escapar o recibir ayuda
Fobias específicasMiedo a un objeto o situación concretos

Fobia social

El trastorno de ansiedad social consiste en un miedo o ansiedad intensa ante determinadas situaciones sociales o de actuación en las que la persona siente que puede ser observada, evaluada o juzgada por los demás: hablar en público, comer delante de otras personas, iniciar una conversación o ser el centro de atención.

Con frecuencia, se teme una evaluación negativa: hacer el ridículo, que se note el nerviosismo, parecer torpe o ser rechazado. Esto puede llevar a evitar determinadas situaciones y afectar a la vida social, académica o laboral.

Agorafobia

La agorafobia no es simplemente «miedo a los espacios abiertos». Se caracteriza por un miedo o ansiedad intensa ante determinadas situaciones en las que la persona percibe que escapar podría resultar difícil o que no dispondría de ayuda si aparecieran síntomas incapacitantes o similares al pánico.

Entre las situaciones más frecuentes se encuentran el uso del transporte público, estar en espacios abiertos o cerrados, encontrarse entre multitudes o haciendo cola y estar fuera de casa sin compañía.

En muchas personas está relacionada con el temor a experimentar determinadas sensaciones físicas o síntomas de ansiedad y no poder escapar o recibir ayuda. La evitación puede llegar a limitar de forma importante la vida cotidiana.

Fobias específicas

Dentro de esta categoría, las fobias específicas se categorizan en cinco grandes grupos según el tipo de estímulo:

  • Animal: perros, insectos, serpientes.
  • Entorno natural: alturas, tormentas, agua.
  • Sangre, inyecciones y heridas.
  • Situacional: aviones, ascensores, espacios cerrados.
  • De otro tipo.
Psicóloga sosteniendo la mano de una paciente para brindar apoyo y confianza durante una consulta de terapia.

Un mismo patrón de comportamiento

Aunque el estímulo fóbico de cada una de ellas sea muy concreto, específico y diferente, todas comparten un mismo patrón de comportamiento, protagonizado por:

  • Pensamientos anticipatorios y catastróficos sobre el estímulo o sobre sus consecuencias.
  • Evitación de las situaciones temidas.
  • Huida o escape ante la presencia del estímulo fóbico.

Este patrón de miedo, anticipación y evitación ayuda a entender por qué las intervenciones basadas en la exposición tienen un papel central en el tratamiento de muchas de estas condiciones.

Merece la pena detenerse en un punto: la evitación puede mantener la fobia. Cuando una persona evita una situación temida, suele experimentar un alivio inmediato. Ese alivio puede reforzar la conducta de evitación y dificultar que la persona compruebe que puede afrontar la situación y tolerar el malestar asociado.

¿Existe algún tratamiento para superar las fobias?

La respuesta es sí.

Existe una amplia evidencia sobre la eficacia de la terapia cognitivo-conductual en los trastornos relacionados con el miedo y la ansiedad. En las fobias, las intervenciones basadas en la exposición al estímulo o situación temida ocupan un papel central en el tratamiento.

En qué consiste la exposición gradual

La exposición consiste en aproximarse de forma planificada y progresiva a las situaciones u objetos temidos, de acuerdo con las características y objetivos de cada persona. El propósito no es demostrar que el miedo es «irracional» ni garantizar que nunca ocurra nada desagradable, sino favorecer que la persona pueda afrontar la situación, reducir la evitación y aprender que puede tolerar la ansiedad y desenvolverse pese a ella.

Dos precisiones importantes sobre cómo se trabaja: la exposición se planifica y se adapta al caso, avanzando de forma progresiva y acordada. No consiste en enfrentar a la persona de forma brusca o por sorpresa. El profesional también trabaja previamente la comprensión del problema y las estrategias necesarias para afrontar las situaciones temidas.

Por qué funciona la exposición

Durante la exposición, la ansiedad puede disminuir con el tiempo y la persona puede experimentar habituación. Sin embargo, el objetivo del tratamiento no es únicamente que la ansiedad desaparezca durante la exposición, sino favorecer nuevos aprendizajes: que la persona pueda afrontar la situación sin recurrir a la evitación y comprobar que puede tolerar el malestar.

La respuesta de ansiedad no sigue siempre una curva fija ni necesariamente tiene que llegar a desaparecer durante una exposición. La evolución puede variar entre personas y entre situaciones. Por eso, actualmente se entiende la exposición también desde un enfoque de aprendizaje: la persona adquiere nuevas experiencias que compiten con las asociaciones de miedo previamente aprendidas.

Enfrentarse de forma planificada a situaciones temidas permite comprobar que las sensaciones de ansiedad son tolerables y que no es necesario escapar o evitar para poder afrontarlas.

Cuando se evita o se escapa, el alivio inmediato puede reforzar la evitación. En cambio, permanecer en la situación de acuerdo con el plan terapéutico permite generar nuevas experiencias y desarrollar mayor confianza en la propia capacidad para afrontar el miedo.

¿Cuándo pedir ayuda?

Tener miedo a algo no es un problema en sí mismo. Muchas personas sienten aprensión ante las alturas, los perros o las agujas y eso no condiciona su vida.

Conviene consultar cuando:

  • El miedo es desproporcionado respecto al peligro real.
  • Interfiere en la vida diaria: en el trabajo, en los desplazamientos, en las relaciones o en la atención sanitaria.
  • Lleva a evitar situaciones de forma sistemática.
  • La evitación se amplía y afecta a cada vez más ámbitos.
  • Aparecen crisis de ansiedad intensas.
  • Existe anticipación constante de la próxima exposición.

Por todo ello, si el miedo o la ansiedad están interfiriendo en la vida cotidiana, es recomendable solicitar una valoración profesional. El tratamiento se adapta al tipo de problema, su intensidad y las necesidades de cada persona, y las intervenciones cognitivo-conductuales, especialmente las basadas en exposición cuentan con un amplio respaldo científico.

Las fobias específicas suelen responder bien al tratamiento psicológico, aunque la evolución y la duración de la intervención dependen del tipo de fobia, su intensidad, el grado de evitación y las características de cada persona.

Cuida tu salud con HM Hospitales

Las fobias pueden limitar más de lo que suele reconocerse: pueden condicionar decisiones, desplazamientos, planes y, en el caso de determinados miedos relacionados con el ámbito sanitario, incluso dificultar el acceso a la atención médica. Al mismo tiempo, cuentan con tratamientos psicológicos eficaces.

En HM Hospitales contamos con una Unidad de Atención Psicológica Especializada en el abordaje de las fobias y de los trastornos de ansiedad, con profesionales que realizan una valoración individualizada y diseñan el tratamiento más adecuado para cada caso.

Artículo validado por
Dra. Natalia Moreno
Psicología
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