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Apendicitis: síntomas clave y cuándo es necesario operar

Adulto con fuerte dolor abdominal

El dolor abdominal es el síntoma más característico de la apendicitis, pero también puede ir acompañado por fiebre, náuseas y vómitos. Para evitar complicaciones, como una peritonitis, es muy importante detectarla a tiempo y proceder a la extirpación del apéndice. 

La apendicitis aguda es la urgencia quirúrgica más frecuente y, cada año, afecta aproximadamente a 90 de cada 100.000 personas a nivel mundial. En España se estiman 132 casos por cada 100.000 habitantes. De hecho, se calcula que una de cada diez personas tendrá apendicitis aguda a lo largo de su vida.  

Según la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, suele aparecer sobre todo en jóvenes, entre los 15 y 30 años, y es algo más frecuente en hombres que en mujeres. No se conoce bien la causa, pero además de la edad y el sexo, se cree que una dieta baja en fibra podría elevar el riesgo de sufrir apendicitis.  

¿Cómo se produce la apendicitis? 

La apendicitis es una inflamación del apéndice cecal, una estructura tubular que se encuentra en la primera parte del intestino grueso, concretamente en el ciego. Cuando se obstruye por la presencia de residuos fecales, llamados fecalitos, por la acción de algún parásito o por el aumento de linfocitos, se produce una hiperplasia folicular linfoide y una inflamación que causa dolor intenso.  

En alrededor del 25-35% de los casos el apéndice llega a perforarse porque la inflamación progresa, especialmente en aquellos casos en los que el cuadro de dolor abdominal tiene más de 48 h de evolución. Cuando esto ocurre, las complicaciones y la mortalidad aumentan, especialmente en personas de edad avanzada o con factores de riesgo. 

Doctor señalando en una maqueta el apéndice

¿Cuáles son los síntomas de la apendicitis? 

El dolor abdominal es el síntoma más característico de la apendicitis y aparece en cerca del 90% de los casos. Suele ir acompañado de náuseas y vómitos, presentes en aproximadamente el 70-75% de las personas con apendicitis aguda.  

Con frecuencia, el dolor inicial, a veces difuso, se inicia en la zona del estómago y ombligo y posteriormente, a las horas, se desplaza hacia el cuadrante inferior derecho del abdomen (fosa ilíaca derecha), a medida que progresa la inflamación. También puede presentarse fiebre, diarrea o estreñimiento y pérdida de apetito. La combinación de estos signos, junto con la intensidad creciente del dolor, es lo que suele llevar a consultar de urgencia al médico.  

En otros casos, el apéndice se encuentra localizado anatómicamente detrás del colon y la apendicitis cursa con dolor lumbar o cuadros atípicos que retrasan el diagnóstico. 

¿Cómo se diagnostica la apendicitis? 

Normalmente el diagnóstico se fundamenta en:  

  • Síntomas: La sospecha de apendicitis se basa en los síntomas del paciente que hemos mencionado en el apartado anterior. En aproximadamente un tercio de los casos, el diagnóstico es evidente desde el primer momento por la localización del dolor y por la aparición de otros síntomas, como náuseas, vómitos, falta de apetito y algo de fiebre. 
  • Exploración física: el paciente presenta dolor en cuadrante inferior derecho (lo que se conoce como fosa iliaca derecha) con sensación de rigidez (defensa) e irritación peritoneal. Esto es conocido como el signo de McBurney: dolor más intenso al dejar de presionar sobre el punto de McBurney (tercio externo de una línea que une el ombligo con la espina iliaca anterosuperior). 
  • Análisis de sangre: que suelen mostrar un aumento de glóbulos blancos y reactantes de fase aguda como PCR. Aun así, hay apendicitis donde la analítica apenas se altera. 
  • Pruebas de imagen como la ecografía o la tomografía computarizada (o TAC): el TAC es una prueba diagnóstica más exacta, más sensible y específica y resulta especialmente útil en personas con sobrepeso u obesidad o cuando es necesario descartar otras afecciones, como diverticulitis, abscesos u obstrucciones intestinales. 

En otro tercio de los pacientes los síntomas no son tan evidentes. En estas situaciones se combinan las pruebas diagnósticas habituales con un periodo de observación activa. Este seguimiento incluye mantener al paciente en reposo, en ayunas, con suero intravenoso y controles frecuentes de las constantes vitales y de la evolución del abdomen. 

El tercio restante suele corresponder a episodios de dolor abdominal inespecífico que, por lo general, remiten por sí solos en pocas horas. Algunos de estos cuadros pueden ser apendicitis muy iniciales que se resuelven espontáneamente, aunque en ocasiones reaparecen. Cuando los episodios se repiten, se valora realizar una laparoscopia exploratoria para aclarar el diagnóstico. En el caso de personas mayores, puede ser necesaria una colonoscopia para descartar otras enfermedades. 

¿Cuándo hay que operar una apendicitis? 

El tratamiento estándar de la apendictis aguda es la cirugía: apendicetomía laparoscópica, y es la urgencia abdominal más habitual en todo el mundo.  

En cuanto al momento de la cirugía se ha visto que no existen diferencias respecto a complicaciones y resultados si la cirugía se hace de forma inmediata o se inicia tratamiento antibiótico y se demora 12 horas. 

En situaciones especiales, como son casos muy evolucionados con gran inflamación y abscesos, se puede optar por tratamiento médico antibiótico y/o drenajes percutáneos, considerando la cirugía en un segundo paso. 

¿Cómo se opera la apendicitis? 

La apendicectomía es la intervención quirúrgica mediante la cual se extrae el apéndice inflamado. En la mayoría de los casos se realiza mediante laparoscopia, una técnica mínimamente invasiva que utiliza varias incisiones pequeñas, a menudo efectuadas alrededor del ombligo y en el lado izquierdo del abdomen, para que las cicatrices sean menos visibles. A través de una de estas incisiones se introduce una cámara que ofrece una visión precisa del interior del abdomen y permite localizar el apéndice. Por las otras incisiones se insertan los instrumentos con los que el cirujano separa, liga y retira la estructura afectada. 

Durante la intervención, se insufla una pequeña cantidad de gas en la cavidad abdominal para crear espacio, desplazar ligeramente los órganos y facilitar tanto la visibilidad como el manejo de los instrumentos. Esto es fundamental para que el cirujano pueda trabajar con seguridad y precisión.  

Una vez finalizado el procedimiento, las incisiones se cierran con puntos que suelen retirarse en una semana o diez días, o bien caen por sí solos, si son reabsorbibles. 

La laparoscopia tiene importantes beneficios, ya que reduce el dolor posoperatorio, disminuye el tiempo de hospitalización y permite una recuperación más rápida en comparación con la cirugía abierta. Además, suele producir menos complicaciones y un mejor resultado estético, lo que contribuye a que la vuelta a la vida cotidiana sea más rápida. 

La cirugía abierta es mucho menos frecuente y se reserva para cuando hay dificultades para acceder al apéndice, por ejemplo, por inflamación de estructuras adyacentes que impiden la identificación de estructuras, hallazgos inesperados en el quirófano o sospecha de otras patologías que requieran de otros procesos diagnósticos. 

Para minimizar el riesgo de infección, se administran antibióticos por vía intravenosa antes de comenzar la intervención. Este paso forma parte del protocolo habitual y resulta especialmente importante cuando la apendicitis está muy avanzada o existe sospecha de perforación. 

Manos de un cirujano en una intervención

Recuperación tras una apendicectomía 

La recuperación tras una apendicectomía varía de una persona a otra, pero la mayoría se recupera en un par de semanas siempre que se sigan algunas recomendaciones, como evitar esfuerzos intensos y no levantar peso para que las incisiones cicatricen correctamente. 

Durante los primeros días tras la operación pueden aparecer algunas molestias:  

  • Dolor abdominal. En el caso de cirugías laparoscópicas, también puede aparecer dolor en los hombros. Es importante seguir la pauta de analgésicos indicados por el cirujano y, si el dolor empeora o no mejora después de tomar la medicación, será necesario ir al hospital. 
  • Inapetencia. Tras la intervención es habitual tener poco apetito y se recomienda iniciar la alimentación con una dieta líquida. Cuando se empiece a tolerar mejor, se puede pasar a alimentos blandos y de fácil digestión.  
  • Cansancio. Durante los primeros días tras la intervención, es normal sentirse más fatigado de lo habitual. El organismo necesita tiempo para recuperarse de la cirugía y de la anestesia. 
  • Dolor de garganta. El tubo endotraqueal utilizado durante la anestesia puede causar molestias al tragar durante uno o dos días. Para aliviarlas, suelen ayudar el hielo picado y las bebidas frías. 
  • Estreñimiento. Es posible que aparezca algo de estreñimiento, que desaparece conforme se normaliza la alimentación y la hidratación.  
  • Fiebre. Algunos pacientes intervenidos presentan febrícula (alrededor de 37 °C) en las primeras 24-48 horas. Lo habitual es que desaparezca por sí sola, pero si persiste más allá del segundo día, se debe acudir a Urgencias, ya que podría indicar una infección. 

Posibles complicaciones de la apendicitis 

Cuando la apendicitis aguda no se detecta a tiempo, pueden surgir complicaciones, entre las que se encuentran las siguientes:  

  • Complicaciones locales. Afectan directamente al área donde se encuentra el apéndice. Entre ellas se incluyen la perforación del apéndice, la infección localizada en el abdomen (peritonitis), la formación de una masa inflamatoria denominada plastrón apendicular y la aparición de abscesos. 
  • Complicaciones generales. Son aquellas que comprometen a todo el organismo. En este grupo se encuentran la sepsis, una infección grave que pasa a la sangre, y el shock séptico, que puede poner en riesgo la vida, si no se trata de forma urgente. 
  • Complicaciones a distancia. Aunque son mucho menos frecuentes, conviene tenerlas en cuenta. Se producen cuando la infección o la inflamación afectan a otras zonas del cuerpo, pudiendo causar flebitis (inflamación de las venas), embolia pulmonar o abscesos en órganos como el hígado o en el espacio situado debajo del diafragma. 

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Recuerda que este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye a la consulta médica. Te recomendamos que, si tienes cualquier duda, te pongas en contacto con un especialista sanitario.  

Artículo validado por
Dra. Ana Minaya-Bravo
Cirugía
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