Muy común entre las mujeres (aunque también posible en hombres), la infección de orina tiene unos síntomas bastante reconocibles y es un motivo frecuente de consulta al que conviene prestar atención, ya que, aunque suele tratarse de una afección leve, puede llegar a complicarse si no se trata a tiempo o correctamente.
¿Cuáles son los síntomas de una infección de orina?
La infección del tracto urinario (ITU) es uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria. Suele tener origen bacteriano, siendo la Escherichia coli -bacteria que vive en el intestino- la causante más habitual, aunque también pueden desencadenar la infección ciertos virus, hongos o parásitos.
Según a qué parte del aparato urinario afecte, recibe un nombre distinto: vejiga (cistitis), riñones (pielonefritis), uréteres (ureteritis) y uretra (uretritis). La infección de orina más habitual es la cistitis, mientras que la pielonefritis es menos frecuente pero mucho más grave.
Generalmente, es una afección de carácter leve que se resuelve en pocos días con la administración de antibiótico y el consumo de líquidos. Sin embargo, en algunos casos puede complicarse si las bacterias pasan al torrente sanguíneo, provocando una infección generalizada o sepsis.
Además, cabe tener en cuenta que algunas enfermedades de transmisión sexual pueden provocar infección de orina o síntomas similares, como ocurre con la clamidia, la gonorrea o el herpes genital. En estos casos, el profesional sanitario solicitará la realización de unos análisis específicos para determinar la causa de las molestias.
¿Qué factores de riesgo están asociados a las infecciones urinarias?
Existen numerosos factores que pueden propiciar el riesgo de desarrollar una infección urinaria. En este sentido, las mujeres suelen ser más propensas a sufrir infecciones de orina ya que su uretra es más corta y se localiza más cerca del ano que en los hombres, lo que facilita la entrada de bacterias.
Aunque hemos comentado que una infección de orina suele ser una afección leve, cabe prestar atención a la población más vulnerable que, en caso de sepsis, son los adultos mayores de 65 años, los niños pequeños, los enfermos crónicos y las personas con el sistema inmune debilitado.
Algunos factores que incrementan el riesgo de sufrir una infección urinaria según nos recuerda la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos a través de MedlinePlus son:
- Mala higiene tras defecar, limpiando de atrás hacia adelante.
- Ausencia de micción tras mantener relaciones sexuales, lo que dificulta la eliminación de bacterias que podrían arrastrarse a través de la orina.
- Presentar una próstata agrandada, una uretra estrecha o cálculos renales, lo que supone, en definitiva, un bloqueo de la orina.
- Estar embarazada.
- Padecer diabetes u otras enfermedades que debilitan el sistema inmune.
- Haber tenido un catéter urinario.
- Problemas para vaciar la vejiga a causa de un daño en el sistema nervioso.
- Haber padecido una infección urinaria reciente.
- Alteraciones en la flora vaginal.
- Encontrarse en la menopausia, una etapa en la que los cambios hormonales pueden alterar las vías urinarias.
- Utilización de algunos métodos anticonceptivos, como el diafragma o los espermicidas.
- Haber sido sometido a una cirugía reciente del sistema urinario.
- El contacto con ropa húmeda o superficies frías en esa zona.
- Cambio de pareja sexual.
- Duchas vaginales.
Podemos considerar también otro tipo de factores que no tienen relación directa, pero sí pueden favorecer la aparición o empeorar una infección urinaria, como por ejemplo vestir con ropa ajustada, beber poca agua, el consumo excesivo de alcohol, café y bebidas con gas, así como el consumo de alimentos muy azucarados, especiados, ácidos o ultraprocesados.

¿Cómo saber si tengo infección de orina?
Los síntomas de las infecciones urinarias pueden variar según la zona afectada y la intensidad del cuadro. Aunque no siempre producen molestias, cuando aparecen suelen ser muy características e incluyen:
- Dolor o ardor al orinar, probable indicación de que la parte afectada es la uretra.
- Necesidad de orinar con frecuencia.
- Orinar en pequeñas cantidades.
- Dolor pélvico, posible indicio de que la infección se encuentra en la vejiga.
- Orina turbia, incluso con signos de sangre y con fuerte olor.
- Fiebre sin foco.
- Enrojecimiento de la piel.
- Náuseas y vómitos.
- Confusión mental, especialmente en personas mayores.
- Dolor de espalda o costado, cuando la infección llega a los riñones.
Según la Asociación Española de Pediatría, los síntomas en bebés o niños incontinentes pueden resultar menos reconocibles, siendo la fiebre sin un origen claro el principal signo de alerta. Otros indicadores como la irritabilidad, la ictericia o el rechazo a la alimentación, pueden asociarse a múltiples causas. En estos casos, tras descartar otras enfermedades más propias de la infancia, el urocultivo es la prueba más fiable para determinar si se trata de infección urinaria y prescribir el mejor tratamiento.
Pruebas diagnósticas y tratamientos
Ante la sospecha de una infección urinaria, es importante acudir al médico, ya que en la mayoría de los casos no se resuelve de forma espontánea y suele ser necesario un tratamiento específico. Cuanto antes se inicie, mejor evolución tendrá el cuadro. Aunque generalmente se considera una afección leve, no debe minimizarse: si no se trata adecuadamente, puede progresar y derivar en complicaciones como una infección en la sangre (sepsis) o, en casos prolongados, daño renal.
Lo primero es determinar dónde se encuentra la infección (vejiga, riñones, etc.) y valorar su gravedad. Además de preguntar por los síntomas y llevar a cabo un examen físico, el médico suele solicitar un análisis de orina, para detectar la presencia de glóbulos blancos, glóbulos rojos, bacterias y sustancias químicas como los nitritos o la glucosa, que sirven de alimento a las bacterias. Otra prueba más específica es el urocultivo, que permitirá identificar el agente infeccioso en cuestión (por ejemplo, el tipo de bacteria), para así poder recetar el antibiótico más adecuado. Ante la sospecha de complicaciones, el profesional sanitario solicitará análisis de sangre para analizar valores como los glóbulos blancos (que combaten la infección), los marcadores de inflamación y la creatinina (para evaluar la función renal). A su vez, ciertas pruebas de imagen como la ecografía, el TAC o la resonancia magnética, permitirán ver el aparato urinario por dentro y detectar alguna anomalía o disfunción.
Lo habitual es que una infección urinaria leve se supere transcurridas entre 24 y 48 horas con el tratamiento adecuado, si bien una infección renal puede tardar algo más, hasta una semana.
El tratamiento suele basarse en antibióticos, complementado con una adecuada hidratación para favorecer la eliminación de bacterias. El objetivo es aliviar las molestias cuanto antes y resolver la infección de forma efectiva. Es fundamental seguir exactamente la pauta indicada por el profesional sanitario para asegurar la eficacia del tratamiento y evitar recaídas o resistencias. Cuando se trata de infecciones recurrentes, el paciente puede generar resistencia a los antibióticos previamente administrados, por lo que podría precisar antibióticos más fuertes o ampliar los días de tratamiento.
Si la infección se asocia a un problema estructural del aparato urinario o a algún tipo de obstrucción física de la orina, podría ser necesaria una cirugía o bien una intervención no invasiva, como la litotricia (técnica médica para fragmentar cálculos renales mediante ondas de choque o láser).
Medidas preventivas frente a la infección urinaria
Existen ciertas pautas que ayudan a preservar la buena salud de nuestro sistema urinario, como mantenerse bien hidratado y llevar una dieta y unos hábitos de vida saludables. También es recomendable orinar tras las relaciones sexuales, evitar las duchas vaginales y cambiarse el bañador mojado para evitar la humedad en la zona.
Así como determinados métodos anticonceptivos podrían favorecer la aparición de una infección de orina, el uso de lubricantes sexuales puede prevenir la irritación vaginal que a menudo desemboca en infección.
Desde pequeños, es necesario concienciar sobre la importancia de una correcta higiene de esta zona del cuerpo y reforzar la vigilancia tanto de los bebés como de las personas dependientes, ya que la infección en ellos puede no dar la cara claramente.
Si bien no hay suficientes evidencias científicas, el consumo de arándanos rojos, tanto en zumo como en suplemento, podría ser un aliado eficaz a la hora de prevenir las infecciones de orina. Contienen proantocianidinas que actúan evitando que la bacteria E. coli se adhiera a las paredes del sistema urinario, según recoge un artículo de la Revista Mexicana de Urología.
Recuerda que este post tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un especialista. Pide tu cita.
