La rizartrosis es una forma de artrosis que puede dificultar actividades tan sencillas de la vida diaria. Aunque se trata de una enfermedad degenerativa que no tiene cura, existen numerosas medidas para aliviar el dolor, mantener la movilidad y retrasar su progresión, lo que permite conservar una buena calidad de vida durante muchos años.
¿Qué es la rizartrosis?
La rizartrosis, también conocida como artrosis de la ‘raíz’ del pulgar, es una enfermedad degenerativa que afecta a la articulación situada en la base del pulgar, donde se unen el hueso trapecio de la muñeca y el primer metacarpiano.
Con el paso del tiempo, el cartílago que recubre esta articulación se desgasta, haciendo que los huesos se rocen entre sí. Esto provoca dolor, inflamación, rigidez, pérdida de fuerza y dificultad para mover el pulgar.
Aunque la artrosis puede aparecer en distintas articulaciones de la mano, la del pulgar tiene un impacto especialmente importante porque esta articulación interviene en la mayoría de los movimientos cotidianos, como escribir, abrir un bote, abrochar botones o sujetar el teléfono móvil. Por ello, la rizartrosis es una de las principales causas de limitación funcional de la mano y una de las formas de artrosis del miembro superior que con más frecuencia requiere tratamiento quirúrgico.
Aunque puede afectar a cualquier persona, es más frecuente a partir de los 50 años y especialmente en mujeres (10-15 mujeres por cada hombre), sobre todo tras la menopausia. Según la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología, se estima que la prevalencia radiológica en mujeres mayores de 55 años alcanza el 25-33%, aunque no todas las personas presentan síntomas. De hecho, solo entre un 25% y un 35% de quienes tienen esta artrosis desarrollan dolor o limitaciones funcionales.
¿Cuáles son los síntomas de la rizartrosis?
Los síntomas de la rizartrosis suelen aparecer de forma gradual. En las fases iniciales, las molestias pueden ser leves y manifestarse solo al realizar movimientos que requieren fuerza o el gesto de pinza, como abrir un bote, girar una llave o sujetar una sartén. Con el tiempo, pueden hacerse más frecuentes e intensas.
Entre los síntomas más frecuentes de la rizartrosis se encuentran los siguientes:
- Dolor en la base del pulgar que suele aliviarse con reposo y reaparecer al iniciar el movimiento. En fases avanzadas puede llegar a ser persistente.
- Pérdida de fuerza, especialmente al realizar el movimiento de pinza o sujetar objetos, lo que dificulta tareas como abrir envases, escribir o transportar bolsas.
- Rigidez e inflamación alrededor de la articulación, sobre todo tras periodos de inactividad.
- Limitación de la movilidad con dificultad para mover o separar el pulgar con normalidad.
- Crujidos o chasquidos al mover la articulación debido a su desestructuración.
- Deformidad progresiva de la base del pulgar y, en los casos más avanzados, aparición del denominado pulgar en bayoneta, una deformidad en la que la base del pulgar se desplaza y el dedo adopta una forma doblada o angulada, lo que dificulta el movimiento y la fuerza de agarre.
¿Por qué aparece la rizartrosis?
En la mayoría de los casos no responde a una única causa, sino a la combinación de distintos factores que favorecen la deformidad del cartílago y la pérdida de estabilidad de esta articulación.
Los principales factores de riesgo son:
- La edad, ya que el cartílago se va desgastando con el paso de los años.
- El sexo femenino, sobre todo tras la menopausia, posiblemente por la influencia de los cambios hormonales sobre el cartílago y los ligamentos.
- La predisposición genética y determinadas alteraciones anatómicas hereditarias que afectan a la estabilidad de la articulación, como es la hiperlaxitud ligamentosa.
- Las lesiones previas, como fracturas o esguinces del pulgar, que pueden acelerar el desgaste.
- Los movimientos repetitivos realizados durante años por motivos laborales o deportivos.
- Otros factores, como la obesidad, el sedentarismo, algunas enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide, y determinadas alteraciones biomecánicas, también pueden favorecer su aparición o acelerar su progresión.
Tratamiento de la rizartrosis
Aunque la rizartrosis no tiene cura, existen diferentes tratamientos que ayudan a aliviar el dolor, mejorar la función de la mano y retrasar la progresión de la enfermedad. En la mayoría de los casos se comienza con un tratamiento conservador, adaptado a la intensidad de los síntomas y al grado de desgaste de la articulación.
Medicamentos para controlar el dolor
Para aliviar el dolor y la inflamación, el médico puede recomendar analgésicos o antiinflamatorios, como paracetamol o AINE (ibuprofeno, diclofenaco o celecoxib), por vía oral o en forma de geles o cremas. Estos medicamentos alivian los síntomas, pero no frenan la evolución de la artrosis.
El papel de las férulas
Las férulas u ortesis ayudan a estabilizar la articulación, limitar los movimientos dolorosos y favorecer el descanso del pulgar. Pueden utilizarse por la noche o durante actividades que exigen un mayor esfuerzo y, combinadas con ejercicios para la rizartrosis, contribuyen a mejorar la funcionalidad de la mano.
Fisioterapia y ejercicios para la rizartrosis
La fisioterapia es una parte fundamental del tratamiento, ya que ayuda a conservar la movilidad, mejorar la fuerza y reducir el dolor. Además de técnicas de terapia manual o movilización, el tratamiento incluye ejercicios específicos para la rizartrosis que deben realizarse con regularidad y sin provocar dolor intenso.
Entre los ejercicios recomendados por la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) para mejorar la movilidad están la flexión-extensión de los dedos o la elevación del pulgar sobre una mesa.
Infiltraciones
Si el tratamiento conservador no consigue controlar el dolor, el médico puede recomendar las infiltraciones de corticoides o, en algunos casos, de ácido hialurónico, que proporcionan un alivio temporal, aunque no definitivo.
Hábitos que ayudan a aliviar el dolor
Además del tratamiento médico, algunos cambios en las actividades diarias pueden reducir la sobrecarga sobre la articulación:
- Evitar hacer fuerza con el gesto de la pinza.
- No cargar peso solo con la mano afectada.
- Utilizar utensilios ergonómicos o eléctricos.
- Hacer pausas durante las tareas repetitivas.
- Realizar baños de agua caliente para aliviar la rigidez antes de hacer los ejercicios para la rizartrosis.

¿Cuándo se recomienda la cirugía para la rizartrosis?
La cirugía suele reservarse para aquellos pacientes en los que el dolor continúa siendo intenso, limita de forma importante las actividades de la vida diaria y no mejora tras un tratamiento conservador correctamente realizado.
Antes de plantear una intervención, el especialista valora diversos aspectos, como la edad, el grado de desgaste articular, la actividad laboral, las necesidades funcionales del paciente y sus expectativas. Actualmente existen varias técnicas quirúrgicas y la elección depende de cada caso.
Trapeciectomía
Es una de las intervenciones más utilizadas y consiste en retirar el hueso trapecio, responsable del contacto doloroso entre los huesos de la articulación.
En muchas ocasiones se realiza además una reconstrucción mediante tendones del propio paciente (técnicas de suspensión) para mantener la estabilidad del pulgar y evitar que el primer metacarpiano ocupe el espacio dejado por el trapecio.
Esta cirugía ofrece buenos resultados en cuanto al alivio del dolor y la recuperación funcional en un elevado porcentaje de pacientes.
Artrodesis
La artrodesis es un procedimiento que fusiona permanentemente la articulación entre el trapecio y metacarpiano, eliminando el movimiento para suprimir el dolor.
Aunque limita parte de la movilidad, permite conservar una buena fuerza de prensión, por lo que suele reservarse para pacientes relativamente jóvenes o con una elevada demanda funcional de la mano.
Prótesis articulares
En determinados pacientes puede implantarse una prótesis trapeciometacarpiana, diseñada para sustituir a la articulación dañada.
Su principal objetivo es aliviar el dolor y mantener tanto la movilidad como la fuerza del pulgar. En los últimos años el diseño de estas prótesis ha mejorado considerablemente, aunque su indicación sigue siendo individualizada y depende de factores como la calidad del hueso, la edad y el nivel de actividad del paciente.
¿Cómo es la recuperación tras la cirugía de rizartrosis?
Después de la intervención suele ser necesario llevar una inmovilización temporal mediante férula o muñecas especiales durante varias semanas. Posteriormente comienza un programa de rehabilitación dirigido por fisioterapeutas para recuperar progresivamente la movilidad, la fuerza y la funcionalidad de la mano.
El tiempo de recuperación depende del tipo de intervención realizada. En muchas personas es posible iniciar la rehabilitación entre las dos y las cuatro semanas después de la operación y recuperar buena parte de la actividad habitual alrededor de los tres meses, aunque la recuperación completa puede prolongarse más tiempo.
Cuida tu salud con HM Hospitales
En el Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica de HM Hospitales contamos con especialistas en el diagnóstico y tratamiento de la rizartrosis y de otras enfermedades que afectan a las articulaciones, los huesos y el aparato locomotor. Nuestro equipo ofrece una atención personalizada para valorar cada caso y recomendar el tratamiento más adecuado, desde las medidas conservadoras hasta las técnicas quirúrgicas cuando son necesarias.
Si el dolor en la base del pulgar limita tus actividades diarias o no mejora con el tratamiento conservador, nuestros especialistas pueden ayudarte a encontrar la opción terapéutica que mejor se adapte a tus necesidades.
Recuerda que este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye la consulta médica. Ante cualquier duda, consulta con un profesional de la salud.
