Saltar al contenido

¿Qué es la sarcopenia?

Paciente con sarcopenia sirviéndose de un andador

Con los años, todos asumimos que perdemos algo de agilidad o que ciertas tareas requieren un poco más de esfuerzo que antes. Sin embargo, estos cambios pueden deberse a la sarcopenia, una enfermedad ligada al envejecimiento que afecta a millones de personas en todo el mundo pero que, paradójicamente, sigue infradiagnosticada.  

La sarcopenia es un trastorno muscular esquelético que se caracteriza por la pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular que aparece con el envejecimiento, aunque puede presentarse también en el contexto de algunas enfermedades crónicas, cambios hormonales, hospitalización, sedentarismo, inmovilidad o una nutrición inadecuada. Este deterioro afecta negativamente a la movilidad, aumenta el riesgo de caídas y fracturas, y disminuye significativamente la autonomía y la calidad de vida. 

¿A quién afecta la sarcopenia? 

La sarcopenia afecta principalmente a adultos mayores. Sin embargo, no es exclusiva de los ancianos. También puede presentarse en adultos de mediana edad, especialmente en presencia de factores de riesgo genéticos, ambientales, hormonales y/o relacionados con el estilo de vida. 

Los datos disponibles permiten hacerse una idea de su magnitud: según la Osteoarthritis Foundation Internationalen España hay unos cinco millones de personas con sarcopenia, si bien la cifra real podría ser muy superior, porque existe un importante infradiagnóstico. Asimismo, se estima que entre un 10% y un 20% de los adultos mayores tiene algún grado de sarcopenia.  

La probabilidad de desarrollarla aumenta con el paso de los años, ya que a partir de los 40-50 años, la masa muscular disminuye de forma natural entre un 1% y un 2% cada año y después, a partir de los 60 años, la pérdida puede acelerarse hasta un 3% al año. 

¿Por qué se produce la sarcopenia? 

La sarcopenia no responde a una única causa, sino que surge de la combinación de distintos procesos que se acentúan con la edad. El principal factor es el envejecimiento, que genera desequilibrios en las vías anabólicas y catabólicas del músculo, reducción de fibras tipo II, infiltración grasa y alteraciones mitocondriales.  A esto se une que la inactividad física y el sedentarismo aumentan el riesgo de pérdida muscular. 

Aunque este envejecimiento es el principal factor de riesgo, por sí solo no explica la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular. Entre los factores que influyen en la aparición de la sarcopenia se encuentran los siguientes:  

  • Disminución de la actividad física. Tener un estilo de vida sedentario reduce el estímulo necesario para mantener la musculatura y su pérdida se acelera tras periodos de inmovilidad, como una convalecencia, una intervención quirúrgica o un ingreso hospitalario. Incluso unos pocos días de reposo pueden causar un deterioro notable de la musculatura, especialmente en personas mayores. 
  • Enfermedades crónicas. Las enfermedades endocrinas, como la diabetes, alteran la regulación metabólica y la capacidad del músculo para sintetizar y reparar proteínas. Los procesos inflamatorios crónicos también incrementan el catabolismo muscular, mientras que enfermedades como la artrosis, la osteoporosis o el cáncer, pueden limitar la movilidad, aumentar el dolor o generar cambios metabólicos que favorecen la degradación muscular. La insuficiencia cardíaca y la EPOC se asocian con inactividad y procesos inflamatorios; la enfermedad renal crónica implica disfunción metabólica y hormonal; y los trastornos neurológicos y psiquiátricos pueden reducir la actividad física y la ingesta nutricional. La prevalencia de sarcopenia es significativamente mayor en pacientes con estas enfermedades crónicas en comparación con la población general. 
  • Cambios hormonales. Con el paso de los años, descienden los niveles de hormonas sexuales (como la testosterona, en los hombres, y los estrógenos, en las mujeres), la hormona del crecimiento y la vitamina D. Todo esto contribuye al deterioro muscular.  

En las mujeres, la menopausia marca un punto de inflexión: la caída brusca de estrógenos se relaciona con una pérdida más rápida de masa muscular y de fuerza, lo que además puede coincidir con una menor actividad física. Es, por tanto, común este descenso brusco en las mujeres, mientras que en los hombres tiende a presentarse de una forma más progresiva. 

  • Alimentación. En las etapas avanzadas de la vida es frecuente que disminuya el apetito, que se modifiquen los hábitos alimentarios y se reduzca el consumo de algunos nutrientes fundamentales, como las proteínas, así como de micronutrientes, como la vitamina D. Esta deficiencia limita la capacidad del organismo para regenerar el músculo y favorece su deterioro. A ello, se añaden cambios bioquímicos y genéticos que afectan a la estructura y el crecimiento muscular, como la acción de la miostatina o de determinadas interleucinas implicadas en la respuesta inflamatoria. Patrones dietéticos saludables, como la dieta mediterránea y el consumo elevado de frutas, verduras y ácidos grasos omega-3, se asocian con mejor función muscular y menor riesgo de sarcopenia. 

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes de la sarcopenia? 

La sarcopenia no siempre da señales claras en las etapas iniciales. Sin embargo, hay algunos síntomas a los que se debe prestar atención: 

  • Mayor dificultad para caminar o hacerlo más despacio. 
  • Problemas para subir escaleras. 
  • Debilidad generalizada o fatiga. 
  • Aumento de las caídas. 
  • Pérdida de peso no intencionada. 
  • Dificultad para hacer tareas cotidianas que antes no suponían un esfuerzo. 

Con el tiempo, pueden aparecer complicaciones más graves, como un mayor riesgo de fracturas por fragilidad, una recuperación más lenta de enfermedades agudas, más infecciones, alteraciones en la regulación de la glucosa, y cambios en la temperatura corporal o en la respuesta cardiovascular al ejercicio. 

Mujer adulta intentando subir las escaleras con dificultad

¿Cómo se diagnostica la sarcopenia? 

No existe una única prueba para diagnosticar la sarcopenia y habitualmente se emplean distintas técnicas y procedimientos. El cribado inicial puede realizarse con el cuestionario SARC-F, pero la confirmación requiere mediciones objetivas de fuerza y masa muscular. 

  • Medición de la fuerza muscular y del rendimiento físico. Se utilizan test físicos para valorar cuánta fuerza puede hacer el músculo como, por ejemplo, medir la fuerza de presión manual (dinamometría) o la ejercida para levantarse de una silla. Asimismo, se analiza la capacidad de llevar a cabo acciones cotidianas, como caminar, levantarse, subir escaleras o mantener el equilibrio y la velocidad de la marcha. 
  • Valoración de la masa muscular. Entre las técnicas de imagen que se utilizan para valorar la masa muscular están: la resonancia magnética nuclear, la tomografía axial computarizada, la densitometría, la bioimpedancia eléctrica y la antropometría. 

No existen biomarcadores sanguíneos validados para el diagnóstico en la práctica clínica. 

La importancia de la detección precoz 

La detección precoz permite actuar antes de que aparezcan las complicaciones más graves, como las caídas, las fracturas o la pérdida de movilidad.  

Además, la sarcopenia no solo afecta al cuerpo. La pérdida de autonomía puede causar estrés, ansiedad, frustración e, incluso, depresión. De hecho, muchas personas reducen su vida social por miedo a caerse o porque se sienten menos independientes. 

Cuanto antes se intervenga, más posibilidades hay de frenar el deterioro muscular y tomar las medidas necesarias para mantener la calidad de vida. 

¿Cómo se trata la sarcopenia? 

Tal y como señala la Osteoarthritis Foundation International, el tratamiento de la sarcopenia se basa en dos pilares fundamentales: el ejercicio físico y la nutrición. A partir de aquí, el abordaje debe adaptarse a las características y limitaciones de cada persona, ya que no existe un único plan válido para todos. 

  • Ejercicio físico. Los ejercicios de resistencia y fuerza son los más eficaces para combatir la sarcopenia, ya que ayudan a aumentar la masa muscular, recuperar la potencia y mejorar la capacidad funcional. Se recomienda hacer ejercicios con pesas, con gomas elásticas y con el propio peso corporal, como es el caso de sentadillas, elevaciones o planchas. También son beneficiosas las actividades aeróbicas, como caminar, nadar y montar en bicicleta, porque mejoran la salud cardiovascular y facilitan el mantenimiento del tono muscular. A esto pueden añadirse ejercicios de equilibrio, flexibilidad y coordinación, para reducir el riesgo de caídas y mejorar la estabilidad, como el yoga o el pilates.  

Es importante tener en cuenta que la capacidad de ganar fuerza no desaparece con la edad y que, en personas muy mayores o con movilidad reducida, un programa de ejercicios bien diseñado puede tener grandes beneficios. 

  • Nutrición. La alimentación tiene un papel decisivo en el tratamiento de la sarcopenia. El músculo necesita un aporte adecuado de proteínas para mantenerse y regenerarse. Su déficit es habitual en personas mayores, debido a la pérdida de apetito, a las dificultades para masticar o a una dieta poco variada. Por ello, se recomienda consumir entre 1 y 1,5 gramos de proteína por kilogramo de peso al día, procedente sobre todo de carne magra, pescado, huevos, lácteos, legumbres o frutos secos. 

Además del aporte proteico, es importante consumir alimentos ricos en minerales fundamentales para la función muscular, como el calcio, el magnesio o el selenio. En algunos casos, puede ser necesario recurrir a suplementos proteicos, a monohidrato de creatina o aminoácidos esenciales, especialmente cuando existe una pérdida notable de fuerza o dificultades para cubrir los requerimientos nutricionales solo con la alimentación. 

Otros nutrientes que ayudan a mantener la salud muscular son los ácidos grasos Omega-3, presentes en el pescado azul, los frutos secos y las semillas; el colágeno, que mejora la salud articular; y la vitamina D, esencial para el músculo y el hueso.  

¿Cómo se relaciona la sarcopenia con enfermedades como la osteoporosis o la artrosis? 

La sarcopenia no solo afecta al músculo, sino también al aparato locomotor en su conjunto. Músculo y hueso funcionan como un sistema interdependiente: el primero, proporciona soporte y movimiento; y el segundo, estructura y estabilidad. Por eso, cuando el músculo empieza a debilitarse, el hueso y las articulaciones también se resienten. 

En el caso de la osteoporosis, la pérdida de masa y fuerza muscular disminuye la capacidad de amortiguar golpes y mantener el equilibrio, lo que incrementa el riesgo de caídas y, con ellas, de fracturas por fragilidad. En la artrosis ocurre algo similar: el deterioro muscular reduce la estabilidad de las articulaciones y acelera el desgaste del cartílago. A esto se suma que el hueso y el músculo se comunican constantemente mediante señales biológicas: cuando uno de estos tejidos se altera, el otro suele verse afectado. 

Mujer de avanzada edad realizando ejercicio en el parque

¿Es posible prevenir la sarcopenia? 

Aunque ciertos cambios son inevitables con la edad, es posible retrasar la aparición de la sarcopenia e, incluso, revertir parcialmente sus efectos, incorporando ciertos hábitos saludables: 

  • Mantener una vida activa desde la infancia. 
  • Evitar el sedentarismo. 
  • Hacer ejercicio regular de fuerza y resistencia. 
  • Cuidar la alimentación y tomar suficientes proteínas. 
  • Controlar las enfermedades crónicas. 
  • Mantener hábitos saludables (evitar el tabaco y el alcohol). 
  • Proteger la salud mental y fomentar las redes de apoyo. 

Cuida tu salud con HM Hospitales 

Como hemos comentado, identificar la sarcopenia precozmente es clave para poder tomar las medidas necesarias para frenar su desarrollo. En HM Hospitales te acompañaremos en el proceso, tuyo o de alguno de tus familiares, para que puedas mantener una buena calidad de vida y adquirir los hábitos necesarios para tratarla o evitarla. Pide tu cita en geriatría, nuestro equipo de especialistas te atenderá y aconsejará.  

Artículo validado por
Dra. Adria León
Geriatría
Suscríbete y cuida tu salud

Recibe contenido exclusivo sobre prevención de la salud y tratamientos. La mejor forma de cuidar tu bienestar comienza con estar informado.

"*" señala los campos obligatorios

Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.
Nombre*
facebookinstagramlinkedinxyoutubetravelgroupcalendar_today_boldsearchmenuclosesharearrow_upcalendar_todaymailwhatsappcontent_copy