La parestesia es una sensación de hormigueo, adormecimiento o “pinchazos” en la piel que aparece sin un estímulo externo evidente y que puede afectar a cualquier parte del cuerpo. Aunque a veces es pasajera y desaparece al cambiar de postura, también puede ser un signo de que algo no funciona correctamente en el sistema nervioso.
La parestesia es una alteración de la sensibilidad que se manifiesta como la aparición de sensaciones anormales en una parte del cuerpo, sin que exista un estímulo externo que las justifique o con una respuesta exagerada ante estímulos habituales. Estas sensaciones pueden describirse como hormigueo, pinchazos, sensación de agujas o alfileres, vibración interna o una impresión de movimiento constante bajo la piel. A diferencia de otras alteraciones sensitivas, en la parestesia la sensibilidad no desaparece ni se reduce necesariamente, sino que se perciben sensaciones añadidas o anómalas.
La sensibilidad es una función esencial del sistema nervioso que nos permite percibir el contacto, la temperatura, el dolor o la posición de nuestro cuerpo. Cuando este sistema no funciona de manera adecuada, pueden aparecer diferentes alteraciones sensitivas. Algunas personas notan una disminución de la sensibilidad (hipoestesia), otras una pérdida completa (anestesia), y en otros casos surgen sensaciones anormales que no deberían estar presentes, como ocurre en las parestesias.
Las parestesias son un motivo de consulta frecuente y pueden aparecer de forma transitoria o persistente. Aunque en muchos casos tienen un origen benigno y pasajero, en otros pueden ser el primer signo de una alteración neurológica que requiere valoración médica. Reconocer qué es una parestesia, por qué se produce y cuándo es recomendable consultar con un especialista permite entender mejor estas sensaciones y actuar de forma adecuada ante su aparición.
Cómo llega el tacto al cerebro: el recorrido de las señales nerviosas
Todo comienza en la piel, donde nacen las fibras nerviosas. Algunas son como cables pelados que detectan sensaciones en la capa externa de la piel, en la epidermis, mientras que otras, están protegidas por una capa aislante llamada mielina para transmitir información más compleja desde la dermis.
Estas fibras se agrupan formando los nervios periféricos, como el nervio mediano en la mano o el tibial en la pierna, que funcionan como unas autopistas de datos que llevan los mensajes del tacto y del movimiento.
A medida que avanzan por el cuerpo, estos nervios se unen en redes más grandes llamadas plexos: el braquial, para los brazos y el lumbosacro, para las piernas. Desde allí, la información llega a la columna vertebral, integrándose en las raíces nerviosas espinales. Antes de entrar en la médula, los mensajes pasan por el ganglio de la raíz dorsal, una central donde se encuentran los núcleos de las neuronas sensoriales que dan servicio a todo el tronco y a las extremidades.
Finalmente, la señal entra en la médula espinal y asciende hacia el tálamo, el gran centro de distribución del cerebro. Es aquí donde el mensaje se proyecta hacia la corteza somatosensorial, que es la parte del cerebro encargada de procesar el sentido del tacto.
Causas de la parestesia
El entumecimiento o la parestesia no es una enfermedad en sí, sino una señal de que algo puede estar fallando en el “cableado” del cuerpo. Esta sensación puede aparecer cuando se interrumpe la comunicación en cualquier punto del camino: desde los receptores de la piel, hasta el propio cerebro.
Existen distintas razones por las que este sistema de comunicación puede alterarse, y no todas tienen la misma gravedad. Entre las causas más frecuentes se encuentran las siguientes:
- Falta de riego sanguíneo (isquemia). Cuando la sangre no llega de forma adecuada a zonas clave como el cerebro, la médula espinal o los nervios periféricos, las fibras nerviosas dejan de funcionar correctamente por falta de oxígeno, lo que provoca hormigueo o entumecimiento.
- Daño en la capa protectora de los nervios. Algunas enfermedades, como la esclerosis múltiple, afectan a la mielina, que es el “aislante” que recubre los nervios. Cuando esta capa se daña, la transmisión de las señales se vuelve lenta, irregular o se pierde por completo.
- Compresión nerviosa. Es una de las causas más habituales de parestesia. Ocurre cuando un nervio queda presionado, ya sea de forma puntual (por ejemplo, al cruzar las piernas durante mucho tiempo) o de manera continua, como sucede en el síndrome del túnel carpiano, las hernias discales o ciertos estrechamientos naturales del cuerpo.
- Alteraciones metabólicas. Problemas como la diabetes, el mal funcionamiento de los riñones o la falta de vitaminas esenciales, especialmente la vitamina B12, pueden dañar progresivamente los nervios y alterar la sensibilidad.
- Hábitos tóxicos. El consumo excesivo y continuado de alcohol actúa como un tóxico directo sobre las fibras nerviosas y es una causa frecuente de hormigueo persistente en manos y pies.
- Infecciones y reacciones inmunitarias. Algunos virus o respuestas anómalas del propio sistema inmunitario pueden inflamar los nervios, dificultando la correcta transmisión de las sensaciones.
- Sustancias y tratamientos externos. La exposición a metales pesados o los efectos secundarios de determinados tratamientos médicos, como la quimioterapia, pueden dañar los nervios de forma temporal o permanente y provocar alteraciones de la sensibilidad.
Síntomas de la parestesia
Aunque muchas veces el entumecimiento es pasajero, existen ciertas situaciones en las que esta sensación puede ser un problema médico. Ante estos síntomas, es necesario acudir al médico:
- Aparición repentina. Si el adormecimiento surge de un momento a otro, en cuestión de minutos u horas, sin una razón específica.
- Pérdida de fuerza. Si se nota debilidad en los músculos que acompaña al entumecimiento, especialmente si avanza rápido.
- Efecto de «ascenso» o «descenso». Si se siente que la falta de sensibilidad se extiende rápidamente por el cuerpo, abarcando cada vez más zonas.
- Dificultad para respirar. Cualquier alteración de la sensibilidad que afecte a la respiración es una prioridad absoluta.
- La «zona de la silla de montar». Es una señal crítica si el entumecimiento afecta a los muslos, los glúteos o la zona genital. Hay que prestar especial atención si la parestesia se acompaña de pérdida de control de la vejiga o el intestino.
- Perder la sensibilidad en ambos lados del cuerpo por debajo de una línea imaginaria; por ejemplo, del pecho hacia abajo.
- Si la sensación abarca extremidades completas. Sentir que todo un brazo o toda una pierna están completamente dormidos, sin una causa clara.
- Si afecta a cara y torso. Cuando se produce pérdida de sensibilidad en el rostro y el tronco al mismo tiempo.

¿Cómo se diagnostica la parestesia?
Para encontrar el origen de la parestesia, se debe llevar a cabo una evaluación detallada sobre cuándo comenzaron exactamente los síntomas, los detonantes que los causaron, qué actividades los empeoran o qué movimientos los alivian.
Después de la anamnesis y exploración física neurológica, el médico podrá solicitar una serie de pruebas complementarias según la sospecha diagnóstica. La analítica de sangre permite ver si hay falta de vitaminas, especialmente la B12, o niveles elevados de glucosa que podrían estar dañando los nervios.
La información proporcionada por la analítica se puede complementar con técnicas de diagnóstico por imagen, como las radiografías, la resonancia magnética o la tomografía computarizada, que permiten visualizar si hay una hernia, alguna estructura presionando el nervio u otro tipo de lesión en el sistema nervioso.
Si se sospecha que el origen está en el sistema nervioso central (el cerebro o la médula espinal), la prueba de elección es la resonancia magnética. Esta prueba ofrece imágenes muy detalladas que permiten ver si hay una hernia discal presionando la médula, lesiones inflamatorias o cualquier otra alteración interna que no se vería en una radiografía o un TC.
También pueden realizarse estudios de conducción nerviosa (pruebas neurofisiológicas), unas pruebas sencillas que permiten evaluar cómo de bien transmiten los nervios las señales eléctricas. Cuando se sospecha que los nervios sensitivos de brazos o piernas están afectados, suelen complementarse con una electromiografía, que analiza su funcionamiento con mayor detalle. Estas pruebas son clave para identificar alteraciones como compresiones, inflamación o daño en los nervios de las extremidades.
Tratamiento de la parestesia
El objetivo principal del estudio es identificar y abordar la causa que está provocando el entumecimiento. En muchos casos, tratar el origen del problema permite que los síntomas mejoren o desaparezcan. Cuando las molestias persisten, existen fármacos específicos, como los utilizados para el dolor neuropático, que ayudan a aliviar el hormigueo, el ardor o la sensación de adormecimiento y a mejorar la calidad de vida.
Además del tratamiento médico, es importante extremar las medidas de seguridad en el día a día. Si además de parestesias existe disminución de la sensibilidad, al no percibir bien una zona del cuerpo, aumenta el riesgo de sufrir pequeños accidentes domésticos, caídas o lesiones que pueden pasar desapercibidas.
Estos consejos pueden ayudar a reducir riesgos y prevenir complicaciones:
- Protege y revisa tus pies a diario. Si los síntomas afectan a los pies, conviene revisarlos para identificar rojeces, heridas, ampollas o pequeñas úlceras que podrían no doler, pero sí infectarse.
- Utiliza calzado adecuado. Elige calcetines y zapatos que se ajusten bien al pie, sin apretar ni quedar demasiado sueltos, para evitar rozaduras, caídas o una mala pisada que aumente el riesgo de lesiones.
- Precaución con las manos. Si el entumecimiento afecta a las manos, es importante extremar el cuidado al manipular objetos calientes, herramientas cortantes o productos químicos, ya que podrías quemarte o cortarte sin notarlo de inmediato.
- Fisioterapia y ejercicio controlado. La fisioterapia es clave para mejorar el equilibrio, reforzar la musculatura y recuperar confianza en los movimientos. Todo ello ayuda a reducir el riesgo de caídas y a ganar seguridad en las actividades cotidianas.
- Atención a la conducción. La falta de sensibilidad puede alterar los reflejos necesarios para manejar los pedales o el volante. Si notas que el entumecimiento interfiere al conducir, es importante que hables con el médico antes de seguir haciéndolo, por tu seguridad y la de los demás.
Cuida tu salud con HM Hospitales
Como hemos visto a lo largo de este artículo, la parestesia puede tener numerosas causas así como manifestarse de formas muy distintas. Aunque en algunos casos es algo pasajero, en muchos otros es un indicio que no hay que ignorar. Si en algún momento notas sensación de hormigueo, entumecimiento o quemazón de forma reiterada, no dudes en pedir tu cita en neurología. Nuestros especialistas te ayudarán a identificar el origen del problema y a dar con el diagnóstico más preciso y adecuado.
Recuerda que este contenido tiene carácter informativo y que no sustituye la valoración médica especializada.
