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¿Cuándo hay que operar una diverticulitis? 

Médicos en quirófano con tijeras y bisturí

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La diverticulitis es una complicación relativamente poco frecuente de la enfermedad diverticular del colon y, en la mayoría de los casos, puede tratarse de forma conservadora con buenos resultados. Sin embargo, existen situaciones en las que la inflamación se complica y es necesaria la cirugía.  

¿Qué es la diverticulosis? ¿Y la diverticulitis?

Los divertículos son pequeñas bolsas o saculaciones que se forman en la pared del intestino grueso, sobre todo en el colon, aunque también pueden afectar al intestino delgado. Técnicamente, se trata de herniaciones de la mucosa y la submucosa a través de puntos débiles de la capa muscular del colon. Su tamaño habitual oscila entre los 5 y los 10 milímetros, aunque en algunos casos pueden ser mayores. 

La presencia de estos divertículos se denomina diverticulosis. Pero conviene aclarar que la diverticulosis no es una enfermedad sino más bien un hallazgo frecuente que, en la mayoría de las personas, no genera síntomas.  

Sin embargo, hablamos de diverticulitis cuando uno o varios de esos divertículos se inflaman o se infectan. Esa inflamación activa la respuesta del sistema inmunitario y causa dolor, fiebre y otros síntomas digestivos que sí requieren atención médica.  

A su vez, la diverticulitis puede ser: 

  • Complicada, cuando aparecen abscesos, perforación, estenosis o fistula (12-15%). 
  •  No complicada, en ausencia de estos hallazgos (85%). 

En los últimos años, se han descrito además otras formas de presentación clínica de estos divertículos: 

  • Pacientes con diverticulosis sin signos de diverticulitis, es decir, sin signos de inflamación, que presentan síntomas similares al colon irritable como dolor abdominal; esto se conoce como enfermedad diverticular sintomática no complicada (en inglés, por las siglas SUDD – symptomatic uncomplicated diverticular disease). 

Pacientes con un segmento de colon con signos de colitis asociada a diverticulosis. En ocasiones produce además de dolor abdominal sangrado.  

En los últimos años, se estima que el riesgo de desarrollar diverticulitis es menor del que se pensaba inicialmente (10 – 25%). Actualmente, se estima que sólo un 1 – 4% de pacientes con diverticulosis desarrollarán diverticulitis aguda a lo largo de su vida. Además, un 15-30% de pacientes con diverticulitis aguda tendrán una recurrencia. 

Una enfermedad frecuente a partir de los 50 años 

La enfermedad diverticular del colon es la patología colónica más frecuente en Occidente y, según datos de la Asociación Española de Gastroenterología (AEG), afecta aproximadamente al 10% de la población general, aunque su prevalencia aumenta claramente con la edad. 

A partir de los 50 años, cerca de la mitad de la población presenta divertículos, y a partir de los 60 años es más frecuente en mujeres. En menores de 40 años es poco habitual (menos del 20%) y cuando aparece, lo hace con mayor frecuencia en varones y en personas con obesidad. En estos pacientes jóvenes, además, el riesgo de que la enfermedad evolucione hacia diverticulitis con necesidad de cirugía es mayor. 

¿Por qué se forman los divertículos? 

Los divertículos aparecen en zonas débiles de la pared del colon, concretamente donde penetran los vasos sanguíneos (vasa recta). El mecanismo exacto no se conoce del todo, pero se cree que intervienen varios factores. 

Por un lado, se han descrito alteraciones en la musculatura del colon, con engrosamiento de la capa muscular y un aumento de elastina, especialmente en personas con diverticulosis izquierda. A esto se suma una mayor actividad motora del colon, lo que provoca un aumento de la presión dentro del intestino que favorece que la mucosa se hernie hacia fuera formando los divertículos. Similarmente, enfermedades del tejido conectivo también se han relacionado con el desarrollo de diverticulosis  

Por otro lado, se ha propuesto una hipótesis relacionada con el envejecimiento: una posible denervación vagal del colon que alteraría su funcionamiento normal y facilitaría la aparición de estas saculaciones.  

El estilo de vida también tiene un papel importante. Las dietas pobres en fibra, típicas de las sociedades industrializadas, se asocian a un tránsito intestinal más lento y a heces de menor volumen, lo que incrementa la presión intracolónica. El sedentarismo, tabaco y la obesidad también son otros factores para el desarrollo de divertículos. Además, ciertos fármacos como corticoides, aspirina o opiáceos se han relacionado con la enfermedad diverticular y diverticulitis. 

Recientemente, se ha descrito que el balance en la microbiota intestinal podría tener también un papel importante en el desarrollo de síntomas en la diverticulosis. La abundancia de ciertas bacterias intestinales causaría una reacción inmune e inflamatoria a través de una serie de metabolitos que llevaría al desarrollo de diverticulitis o diverticulosis sintomáticas. Pero no solo eso, incluso se ha relacionado esta alteración en el equilibrio de la microbiota intestinal con un aumento del riesgo cardiovascular a través de mecanismos de inflamación y ateroesclerosis. Además, se piensa que factores genéticos también podrían influir. 

Síntomas más frecuentes de la diverticulitis 

El síntoma más característico de la diverticulitis es el dolor abdominal, que suele localizarse en la parte inferior izquierda del abdomen. Puede aparecer de forma brusca o ir aumentando progresivamente y suele acompañarse de sensibilidad al tactoOtros síntomas frecuentes son: 

  • Fiebre
  • Náuseas y, en ocasiones, vómitos
  • Cambios en el ritmo intestinal, como diarrea o estreñimiento repentinos. 
  • Malestar general

Se estima que una de cada cuatro personas con divertículos presenta síntomas intestinales recurrentes, aunque no siempre relacionados con episodios inflamatorios claros. La hemorragia digestiva, por su parte, no es un síntoma típico de la diverticulitis, aunque puede darse en el contexto de la enfermedad diverticular. 

Paciente en consulta con dolor abdominal

Cómo se diagnostica la diverticulitis 

El diagnóstico de la diverticulitis se basa en la identificación de los síntomas y pruebas de imagen como la tomografía computarizada (TC) del abdomen y la pelvis, que permite confirmar la inflamación de los divertículos y detectar posibles complicaciones como abscesos, perforaciones o fístulas. 

Durante la fase aguda no se recomienda realizar una colonoscopia, ya que existe riesgo de perforación. Esta exploración suele indicarse una vez superado el episodio de diverticulitis, generalmente 6 y 8 semanas después, para evaluar el colon y descartar otras enfermedades. 

En algunos casos puede utilizarse para el diagnóstico la ecografía abdominal o la resonancia magnética, especialmente en personas jóvenes o embarazadas. 

Cómo se cura la diverticulitis: tratamiento según la gravedad 

  • Diverticulitis no complicada 

Aproximadamente el 85% de los casos de diverticulitis cursan sin complicaciones y en estos pacientes el tratamiento suele ser conservador. 

Cuando los síntomas son leves, puede controlarse en casa con reposo, dieta líquida durante unos días y, en algunos casos, antibióticos. A medida que el dolor cede, se reintroduce progresivamente alimentos bajos en fibra y, una vez resuelto el episodio, se recomienda volver a una dieta rica en fibra. La mayoría de las personas se recuperan bien con este tratamiento y no necesitan cirugía. 

En algunos casos, el tratamiento puede incluso hacerse en casa con un control estrecho desde la consulta. 

  • Diverticulitis complicada 

En torno al 12-15% de los casos pueden presentar complicaciones, como abscesos, perforación, fístulas, obstrucción intestinal o peritonitis. En estas situaciones suele ser necesario el ingreso hospitalario para administrar antibióticos por vía intravenosa y mantener reposo intestinal y en ocasiones cirugía  

Algunos abscesos pueden drenarse mediante técnicas percutáneas guiadas por imagen, evitando así la cirugía en un primer momento. 

Entonces, ¿cuándo hay que operar una diverticulitis? 

La cirugía no es la norma en la diverticulitis, sino la excepción. Tradicionalmente se indicaba tras dos episodios de diverticulitis no complicada o uno complicado, pero hoy se sabe que esta decisión debe individualizarse. 

Actualmente, la cirugía se valora principalmente en los siguientes casos: 

  • Diverticulitis complicada con perforación importante, peritonitis, fístulas u obstrucción. 
  • Episodios graves que no mejoran con tratamiento médico en pocos días. 
  • Diverticulitis recurrente que deteriora de forma significativa la calidad de vida. 
  • Pacientes inmunodeprimidos o con alto riesgo de complicaciones. 

¿Cómo se opera la diverticulitis? 

Cuando la diverticulitis requiere cirugía, el tipo de intervención depende fundamentalmente de la gravedad del cuadro, del estado general del paciente y de la presencia o no de complicaciones. 

  • La técnica más utilizada en los casos programados o en pacientes estables es la resección del segmento del colon afectado con anastomosis primaria. Puede realizarse por laparoscopia, aunque en algunos casos puede ser necesario cirugía abierta. Esto significa que el cirujano extirpa la parte del intestino en la que se concentran los divertículos inflamados y une directamente los extremos sanos del colon, restableciendo el tránsito intestinal en el mismo acto quirúrgico. No es necesario retirar todos los divertículos existentes, sino únicamente el tramo con engrosamiento anómalo de la pared y mayor riesgo de recaídas. Para reducir la probabilidad de que la diverticulitis reaparezca, el límite distal de la resección suele llegar hasta el recto. En algunos casos, aunque se realice una anastomosis primaria puede ser necesario un estoma de intestino delgado (ileostomia) de forma temporal hasta garantizar que no existen complicaciones. Posteriormente, se procede al cierre del mismo a las pocas semanas.  
  • En situaciones más complejas, como una diverticulitis con perforación, peritonitis purulenta o fecaloidea, infección abdominal extensa, malnutrición, inmunosupresión o presencia de enfermedades graves asociadas e inestables, la realización de una anastomosis primaria puede no ser segura. En estos casos, la intervención más utilizada sigue siendo el procedimiento de Hartmann. Consiste en extirpar el segmento de colon enfermo, cerrar el extremo distal (generalmente el recto) y sacar el extremo sano del intestino a la pared abdominal mediante una colostomía, que permite la salida de las heces a una bolsa externa. Esta colostomía suele ser temporal. Si la evolución clínica es buena y el paciente se recupera adecuadamente, la continuidad del intestino puede restablecerse en una segunda operación, habitualmente entre tres y seis meses después. Aunque para muchos pacientes la idea de una colostomía genera inquietud, en contextos graves esta estrategia reduce de forma significativa el riesgo de complicaciones potencialmente mortales y mejora el pronóstico global. 

Pronóstico y vida después de una diverticulitis 

La mayoría de las personas que sufren una diverticulitis evolucionan favorablemente y pueden retomar su vida normal tras el episodio agudo. Aunque el diagnóstico suele generar preocupación, especialmente en el primer brote, en muchos casos se trata de un proceso con buen pronóstico a medio y largo plazo, sin que la enfermedad deje secuelas importantes

Después de una diverticulitis no complicada, alrededor del 70% de los pacientes no volverá a presentar un nuevo episodio a lo largo de su vida. En el 10-30% restante puede aparecer alguna recaída, que no necesariamente será más grave ni requerirá cirugía. Pero es importante diferenciar entre una recaída inflamatoria y molestias persistentes, como dolor abdominal, distensión o cambios en el ritmo intestinal, que pueden mantenerse incluso sin inflamación activa debido a una mayor sensibilidad del intestino. 

Cuando la diverticulitis ha sido complicada, el seguimiento médico suele ser más estrecho y, en algunos casos muy seleccionados, la cirugía mejora el pronóstico al reducir el riesgo de recurrencias graves. Para prevenir nuevos episodios es importante mantener hábitos saludables, como una alimentación rica en fibra, hidratación adecuada, ejercicio físico frecuente, evitar el consumo de tabaco y de antiinflamatorios, y controlar el peso

En algunos casos seleccionados, para evitar recurrencias se puede iniciar tratamientos como rifaximina o mesalazina, aunque su eficacia es cuestionada. 

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Recuerda que este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica. Ante cualquier duda, consulta con un profesional de la salud.

Artículo validado por
Dra. Ana Minaya-Bravo
Cirugía
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