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¿Cómo diferenciar entre gripe y resfriado?

Mujer con gripe en su casa

Tanto el resfriado común como la gripe son infecciones virales del tracto respiratorio. La gripe suele tener un inicio más brusco y síntomas más intensos, mientras que el resfriado tiende a ser más leve y se centra en síntomas nasales.

Con la llegada del frío, es habitual que aparezcan tos, estornudos, congestión, dolor de garganta o molestias en el pecho, síntomas que tanto la gripe como el resfriado común comparten. Aunque a simple vista pueden parecer lo mismo, se trata de enfermedades diferentes, con causas, evolución y riesgos distintos. Saber distinguirlas es importante, sobre todo en niños pequeños y personas mayores, que son más vulnerables a las complicaciones de la gripe. 

¿Qué es el resfriado común? 

El resfriado común es una infección respiratoria leve causada por distintos virus, como el rinovirus, el virus respiratorio sincitial, el de la parainfluenza o el metaneumovirus. Se transmite por vía aérea o por contacto con personas afectadas a través de sus secreciones. Los síntomas del resfriado son más leves que los de la gripe y desaparecen antes.  

  • Síntomas típicos del resfriado  

En general, y siempre que no surjan complicaciones, el resfriado común suele durar entre 3 y 7 días. Aunque resulta molesto, normalmente se resuelve en una semana con un tratamiento que alivie los síntomas, ya que no existe una cura específica para el resfriado. Entre los síntomas más frecuentes están los siguientes:  

  • Congestión nasal. 
  • Mucosidad.   
  • Dolor de garganta. 
  • Estornudos.   
  • Tos moderada.  
  • Fiebre que aparece sobre todo en niños, y es poco elevada.  

¿Qué es la gripe? 

La gripe es una enfermedad provocada por un virus de tipo ARN que se transmite principalmente por vía aérea, a través de las pequeñas gotitas que se liberan al hablar, toser o estornudar. También puede contagiarse al entrar en contacto con superficies contaminadas, por ejemplo, al compartir cubiertos u otros utensilios. 

Una persona infectada puede transmitir el virus desde un día antes de que aparezcan los síntomas hasta más de una semana después. Durante este periodo es importante seguir medidas de protección, especialmente para proteger a los grupos más vulnerables, como niños y personas mayores. La incubación de la gripe suele durar entre uno y cuatro días. 

Cada año aparecen nuevas variantes del virus de la gripe, lo que les permite escapar a la inmunidad adquirida con vacunas anteriores. Por esta razón, no es posible erradicar completamente la gripe y cada temporada se desarrolla una vacuna actualizada para proteger frente a las cepas circulantes. 

  • Distintas variantes de gripe: gripe A y gripe B. 

Existen dos tipos de virus de la gripe: A y B.  

Los síntomas de la gripe A suelen aparecer de manera repentina e incluyen malestar general, fiebre alta, dolor muscular, escalofríos, dolor de cabeza y tos. También puede presentarse congestión nasal, dolor de garganta e, incluso, en algunos casos, molestias digestivas como náuseas, vómitos o diarrea. 

Actualmente en España, este tipo de gripe ha superado el umbral epidémico. Este aumento se debe principalmente a la circulación de subtipos de gripe A, como el H3N2, al cual pertenece la llamada variante K, caracterizada por una mayor capacidad de transmisión. Además, la presencia simultánea del virus de la gripe A con otros virus respiratorios, como el virus respiratorio sincitial, puede intensificar los síntomas. 

En cambio, la gripe B suele ser más leve. Por ejemplo, durante la temporada 2017-2018 en España y Europa, los casos predominantes correspondían al tipo B, que provocó síntomas menos intensos que los de la gripe A. 

  • Síntomas de la gripe 

Los síntomas de la gripe suelen durar más que los del resfriado común, una semana o diez días. También hay que tener en cuenta que, a consecuencia de la gripe, pueden aparecer complicaciones como la neumonía, sobre todo en poblaciones de riesgo. Entre los síntomas más frecuentes están los siguientes: 

  • Fiebre alta.  
  • Dolores musculares y articulares. 
  • Fatiga. 
  • Dolor de cabeza.   
  • Tos, a menudo seca y más persistente que la del resfriado común.  
Termómetro que indica que el paciente tiene fiebre

Prevención de la gripe 

La vacunación anual contra la gripees la medida más eficaz para prevenir casos graves y complicaciones, especialmente en grupos vulnerables. Ya hemos explicado que el virus de la gripe muta cada año, por eso es necesario vacunarse todos los años. La vacuna no contiene virus vivos ni completos; está compuesta únicamente por fragmentos del virus que el sistema inmunitario reconoce a través de sus células específicas para ello. 

La respuesta del sistema inmune de la persona vacunada se desarrolla entre las 2 y 3 semanas posteriores a la vacunación y puede mantenerse durante un periodo de 6 a 12 meses. Por eso, la campaña de vacunación se inicia en el otoño para que su efecto dure cuando las temperaturas son más frías y el riesgo de contagiarse de la gripe es mayor.  

Aunque la vacunación es lo mejor para poder evitar la gripe o padecerla de forma más leve, hay otras medidas para controlar su contagio:  

  • Lavarse las manos con frecuencia. 
  • Evitar el contacto directo y cercano con personas que tienen gripe. 
  • Ventilar bien las estancias del hogar. 
  • No compartir utensilios de comida.  

Por qué es importante vacunarse frente a la gripe 

La vacunación sigue siendo la herramienta preventiva más eficaz contra la gripe, y así lo recuerda la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Vacunarse no solo protege a quien recibe la vacuna, sino que también contribuye a reducir la propagación del virus en la comunidad. Esto es especialmente importante para el personal sanitario, que está en contacto directo con patógenos y, al mismo tiempo, tiene la responsabilidad de proteger a los pacientes que pueden ser más vulnerables. 

La vacunación es vital para prevenir complicaciones graves en quienes tienen mayor riesgo, como las personas mayores o quienes presentan enfermedades crónicas. Además, ayuda a disminuir la presión sobre el sistema sanitario durante los picos de gripe y a reducir la transmisión del virus a colectivos más frágiles. 

De manera general, la campaña de vacunación se dirige a los siguientes grupos de población: 

  • Adultos mayores de 60 años. Son especialmente susceptibles a complicaciones graves, hospitalizaciones y mortalidad asociada a la gripe. 
  • Personas con patologías crónicas de alto riesgo. Entre ellas se incluyen enfermedades respiratorias, cardiovasculares, diabetes o problemas renales, que pueden empeorar si se infectan. 
  • Mujeres embarazadas en cualquier trimestre. La gripe puede ser más grave durante el embarazo. La vacunación protege tanto a la madre como al bebé. 
  • Aquellos que pueden transmitir el virus a personas vulnerables. Esto incluye cuidadores, familiares y trabajadores en contacto con colectivos de riesgo. 
  • Personal esencial. Médicos, enfermeros, farmacéuticos, personal sanitario en hospitales y centros de salud, así como fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, ya que su vacunación protege tanto a ellos como a quienes atienden en su día a día. 
Enfermera poniendo una vacuna a una paciente

Cuándo consultar al médico 

Por lo general, no es necesario acudir al médico por un resfriado común, salvo que los síntomas empeoren y haya fiebre más allá de la semana o de los 10 días.   

Por otra parte, en los casos de gripe, hay que ir a un hospital cuando:  

  • Se produzca una dificultad para respirar. 
  • Haya un empeoramiento repentino del estado general. 
  • Se agraven los síntomas después de siete días de evolución. 
  • Persista el dolor en el pecho. 
  • Se expectore con sangre. 
  • Los labios y la piel tengan un color azulado o amoratado.  
  • Aparezcan mareo o alteraciones del nivel de conciencia. 
  • Suba la fiebre y se mantenga alta durante más de tres días. 
  • Si baja la presión arterial.  
  • Si aparecen síntomas distintos a los habituales de la gripe. 

En niños, se debe prestar especial atención a los siguientes síntomas: 

  • Respiración rápida o acelerada. 
  • Dificultad para respirar. 
  • Dificultad para despertarse o somnolencia excesiva. 
  • Erupciones cutáneas. 
  • Náuseas. 
  • Irritabilidad extrema. 

Asimismo, aunque los síntomas gripales sean leves, se recomienda consultar con un profesional sanitario si se pertenece a alguno de los grupos de mayor riesgo.

Personas de cualquier edad con: 

  • Enfermedades cardiacas. 
  • Enfermedades respiratorias crónicas. 
  • Diabetes en tratamiento farmacológico. 
  • Insuficiencia renal moderada o grave. 
  • Enfermedades hepáticas crónicas avanzadas. 
  • Enfermedades neuromusculares graves. 
  • Ausencia de bazo. 
  • Enfermedades hematológicas, como hemoglobinopatías o anemias moderadas o graves. 
  • Inmunosupresión, entre las que se incluye la causada por el VIH/SIDA, tratamientos farmacológicos o trasplantes. 
  • Obesidad mórbida: las personas con un índice de masa corporal igual o superior a 40. 

Menores de 18 años que reciben tratamiento prolongado con ácido acetilsalicílico (aspirina). 

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Artículo validado por
Dr. Máximo Gómez
Neumología
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