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¿Alergia en otoño? Puede estar relacionada con los ácaros del polvo

Mujer estornudando y limpiándose la nariz con un pañuelo al aire libre en otoño debido a alergia por ácaros del polvo.

El aumento de la humedad, el uso de la calefacción y el mayor tiempo que pasamos en espacios cerrados crean un entorno favorable para la proliferación de los ácaros del polvo. La alergia que provocan puede confundirse con los primeros catarros de la temporada, por lo que aprender a reconocer sus síntomas y adoptar medidas de control en casa es fundamental para reducir las molestias.

¿Por qué empeoran algunas alergias en otoño?

La alergia no es una patología strictly primaveral vinculada a la polinización de plantas y árboles. Aunque la primavera concentra los picos más altos de alergia al polen, el otoño es el momento para las alergias de interior, sobre todo la alergia a los ácaros del polvo.

Existen varios factores ambientales y de estilo de vida que crean un entorno especialmente favorable para la proliferación de los ácaros:

  • Aumento de la humedad ambiental. Tras los meses secos y calurosos del verano, las lluvias de otoño elevan la humedad relativa del aire. Los ácaros absorben el agua directamente del ambiente y proliferan especialmente cuando la humedad se aproxima al 70% y las temperaturas rondan los 21°C, unas condiciones frecuentes durante el otoño en buena parte de nuestra geografía, según señala la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP).
  • Encendido de calefacciones y menor ventilación. Con la bajada de las temperaturas exteriores, se tiende a cerrar ventanas, a ventilar menos las habitaciones y a encender la calefacción. Esto genera un microclima cálido, templado y cerrado en el interior de las casas donde el aire se renueva con menor frecuencia.
  • Volver a utilizar mantas y edredones. Sacamos del armario los edredones, las mantas, las prendas de lana y las alfombras que han estado guardadas durante meses. Si no se han lavado o guardado adecuadamente, acumulan una densidad considerable de partículas alergénicas.
  • Estar más tiempo en espacios cerrados. Con los días más cortos y fríos, se pasa más tiempo en casa o en lugares cerrados, lo que incrementa el tiempo de exposición directa a los alérgenos domésticos.

¿Es lo mismo la alergia al polvo que la alergia a los ácaros?

Tal y como explica la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), el polvo doméstico es una mezcla compleja de distintas partículas: restos de fibras textiles, polen del exterior, descamación cutánea humana y animal, esporas de hongos, bacterias y partículas sintéticas. Dentro de este conjunto, el agente responsable directo de la inmensa mayoría de las reacciones alérgicas no es la mota de polvo en sí, sino las proteínas procedentes de los ácaros.

Por su parte, los ácaros son una subclase de arácnidos microscópicos (miden apenas entre 0,2 y 0,5 milímetros) invisibles a simple vista. No producen picaduras ni transmiten enfermedades infecciosas y se alimentan fundamentalmente de las pequeñas escamas de piel muerta que los seres humanos y las mascotas desprendemos a diario. Se acumulan sobre todo en colchones, almohadas, sofás, cojines, alfombras y peluches.

Lo que desencadena la respuesta inmunitaria no es el insecto vivo como tal, sino las partículas proteicas contenidas en sus deposiciones fecales y en sus esqueletos desintegrados, que están suspendidas en el aire.

Persona pasando la aspiradora por una alfombra en el salón para eliminar el polvo acumulado y los ácaros en casa.

¿Cómo diferenciar una alergia a los ácaros de un resfriado?

Con la llegada del otoño y las fluctuaciones de temperatura, los virus respiratorios vuelven a circular activamente por todos lados. Por eso, es muy frecuente confundir una crisis alérgica por ácaros con un catarro o resfriado común. Aprender a diferenciarlos es fundamental para determinar el tratamiento y evitar el uso de fármacos innecesarios.

Para diferenciar la alergia a los ácaros de un resfriado o catarro común, es necesario prestar atención a varios factores clave en la forma en que se manifiestan los síntomas.

En primer lugar, mientras que el resfriado es un proceso autolimitado que suele remitir en un plazo de 7 a 10 días, la alergia a los ácaros es persistente y se prolonga durante semanas o meses, manteniéndose activa mientras exista exposición al alérgeno.

Asimismo, la presencia de fiebre y dolor muscular marca una diferencia clara, ya que la alergia a los ácaros nunca cursa con fiebre ni dolores musculares generalizados, a diferencia del catarro común, durante el cual es frecuente la aparición de febrícula o fiebre acompañada de malestar general.

El aspecto y tipo de mucosidad también ofrece pistas importantes: en el caso de la alergia, la secreción nasal es siempre transparente, fluida y acuosa, mientras que en un resfriado, aunque al principio puede ser fluida, con el paso de los días suele volverse espesa, amarillenta o verdosa.

Por otro lado, la intensidad del picor ocular y nasal también es un rasgo distintivo de la alergia y suele ser muy intenso y predominante en la nariz, los ojos y el paladar. En cambio, en el resfriado, esta molestia es leve o inexistente, y en su lugar aparece una sensación de dolor o irritación de garganta.

Finalmente, el desencadenante de cada afección permite distinguir su origen. La alergia a los ácaros empeora bruscamente al realizar actividades domésticas como hacer la cama, barrer, sacudir tejidos o entrar en dormitorios, mientras que el resfriado surge de forma gradual tras el contagio por un virus respiratorio.

Tratamiento de la alergia a los ácaros

El tratamiento médico de la alergia a los ácaros se centra en tres pilares fundamentales que deben complementarse entre sí para lograr el control de los síntomas:

1. Tratamiento sintomático

Su objetivo es aliviar de forma rápida las molestias producidas por la cascada inflamatoria.

  • Antihistamínicos orales. Son fármacos que bloquean la acción de la histamina, reducen los estornudos, el goteo nasal y el picor ocular.
  • Corticoides nasales. Se aplican a través de pulverizadores nasales de acción local que reducen la inflamación de la mucosa. Son el tratamiento más efectivo a medio plazo para la congestión nasal persistente.
  • Colirios antihistamínicos. Se emplean para el alivio específico de la sintomatología ocular, como el picor o la irritación.
  • Broncodilatadores e inhaladores. Los prescribe el médico a los pacientes que presentan hiperreactividad bronquial o síntomas asmáticos asociados.

2. Tratamiento etiológico

Es el único tratamiento capaz de modificar el curso natural de la enfermedad alérgica. Consiste en la administración graduada y controlada del extracto del alérgeno al que el paciente está sensibilizado, mediante vacunas administradas por vía sublingual o subcutánea, durante un periodo que varía entre los 3 y 5 años. Se logra inducir tolerancia inmunológica y se reducen los síntomas.

3. Control ambiental y medidas de evitación

Son dos cuestiones imprescindibles para reducir la carga alergénica dentro del hogar, permitiendo que el tratamiento farmacológico sea más eficaz.

Mujer aplicándose gotas oftálmicas o colirio para aliviar la irritación y el picor de ojos provocado por la alergia.

¿Se puede evitar la alergia a los ácaros?

A diferencia del polen de las plantas, la exposición a los ácaros del polvo ocurre en el ámbito doméstico. Esto significa que se pueden establecer medidas para modificar el entorno y reducir su presencia:

  • Protección del colchón y la almohada. Se pueden utilizar fundas antiácaros impermeables a estas partículas, pero que sean transpirables. Deben cubrir totalmente el colchón y la almohada. Los ácaros se acumulan sobre todo en el interior del relleno, por lo que estas fundas actúan como una barrera física.
  • Lavado a alta temperatura. Lavar la ropa de cama al menos una vez a la semana a una temperatura mínima de 60 °C, ya que el agua fría o templada no destruye los ácaros.
  • Ventilación y luz solar. Se debe ventilar la casa a diario para reducir la humedad y renovar el aire. Siempre que sea posible, también es recomendable dejar entrar la luz solar directa, ya que los ácaros proliferan con mayor dificultad en ambientes secos y luminosos.
  • Control de la humedad. Se debe mantener la humedad relativa de la casa por debajo del 50-55%. El uso de deshumidificadores en zonas costeras o climas húmedos es una de las herramientas más potentes para frenar su reproducción.
  • Limpieza con aspirador y paño húmedo. Las escobas y plumeros facilitan la suspensión del polvo y las partículas en el aire, por lo que es preferible limpiar las superficies con bayetas o paños ligeramente húmedos y usar filtros de alta eficiencia (HEPA) o depósitos de agua.
  • Eliminación de textiles innecesarios. Se debe prescindir en la medida de lo posible de moquetas, alfombras tupidas, cortinas pesadas y exceso de cojines en los dormitorios. En habitaciones infantiles, se recomienda reducir la cantidad de peluches.

Mitos sobre la alergia a los ácaros

En torno a la alergia a los ácaros circulan numerosos mitos que pueden llevar a adoptar medidas de limpieza poco eficaces o generar preocupaciones innecesarias. Estos son algunos de los más frecuentes:

  • Los ácaros muerden o se meten debajo de la piel. Los ácaros del polvo doméstico no muerden, no pican, no transmiten parásitos ni penetran en el organismo. La reacción alérgica es una respuesta inmunológica desencadenada por la inhalación de sus partículas fecales o restos proteicos.
  • Tener ácaros en casa es sinónimo de falta de higiene o suciedad. La presencia de ácaros no guarda relación directa con la limpieza de una casa, sino con la humedad y la temperatura ambiental. Los ácaros existen de forma natural en cualquier hogar, por muy exhaustiva que sea la limpieza.
  • La alergia al polvo es idéntica en cualquier punto geográfico. La prevalencia de la alergia a los ácaros varía enormemente según la geografía. Es altísima en zonas costeras e insulares debido a la elevada humedad del aire, mientras que es menos frecuente en zonas de meseta muy secas o en áreas de alta montaña por encima de los 1.500 metros de altitud, donde los ácaros no logran sobrevivir.
  • Basta con aspirar profundamente una vez al mes para solucionar el problema. Un aspirado esporádico no resuelve la situación si no se colocan fundas protectoras en colchones y se controla la humedad ambiental de forma continuada. Los ácaros se reproducen con gran rapidez si las condiciones de temperatura y humedad les resultan favorables.

Cuida tu salud con HM Hospitales

Si detectas síntomas compatibles con la alergia a los ácaros, como estornudos frecuentes, congestión nasal, picor de ojos o dificultad para respirar, y estos persisten o interfieren en tu día a día, es importante que consultes con un especialista.

En el Servicio de Alergología de HM Hospitales encontrarás un equipo de profesionales especializados en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de las enfermedades alérgicas. Tras valorar tu caso y realizar las pruebas necesarias, podrán identificar el origen de las molestias y ofrecerte un tratamiento personalizado, además de orientarte sobre las medidas que puedes adoptar en casa para reducir la exposición a los ácaros y mejorar tu calidad de vida.

Recuerda que este artículo tiene un carácter divulgativo y no sustituye la consulta médica. Ante cualquier duda, acude a un profesional sanitario.

Artículo validado por
Dra. Helena Hermida
Alergología
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