Consecuencias psicológicas COVID-19

¿Qué consecuencias psicológicas puede ocasionar en la población la crisis sanitaria del COVID-19?

La llegada en marzo del año 2020 del COVID-19 como una pandemia a nivel mundial ha hecho que la vida nos haya cambiado. Ha limitado nuestros movimientos, nuestra libertad, nuestras relaciones sociales, familiares… incluso, es posible que nos haya hecho replantearnos muchos esquemas que hasta ahora teníamos de cómo funcionan las cosas, y de cuál es el orden y la lógica que deben seguir, incluso el esquema de que el mundo es un lugar seguro y predecible.


Además, toda esta nueva situación transciende al ámbito privado y personal, ya nos encontramos en un escenario que tiene una dimensión comunitaria, y por todo ello, es previsible pensar que una situación de tal magnitud puede estar relacionada con la presencia de diferentes problemas psicológicos, no solamente en las personas que se han visto más gravemente afectadas, como las personas enfermas, familiares de personas que han fallecido a causa de la pandemia, o el personal sanitario por haber estado expuestos a un gran número de situaciones traumáticas durante un largo periodo de tiempo, si no que muchas de estas secuelas psicológicas también se pueden apreciar en la población en general, ya que toda la población nos hemos visto afectados por el confinamiento y las restricciones.





En este sentido algunos estudios previos indican que la población sometida a cuarentena podía presentar sintomatología a corto plazo relacionada con un bajo estado de ánimo e irritabilidad (Brooks, et al., 2020). Así mismo, pueden aparecer otros síntomas físicos como agotamiento, desapego, irritabilidad, insomnio, confusión y estados de ira ante la frustración y pérdida de los refuerzos habituales (Cuenya et al., 2011; Echeverry Vera, 2010), y esta sintomatología podría empeorar por factores cognitivos asociados como la ansiedad a contagiarse o la falta de control y de incertidumbre. Por último, es importante señalar que estas secuelas negativas se van a dar no solo en el corto plazo, si no también, en el medio y largo plazo.


A pesar de todo lo anterior y aunque la situación de la pandemia mundial y de la crisis sanitaria es complicada y en muchos momentos difícil de gestionar, el ser humano suele tener una buena adaptación a los cambios. Aceptar la situación, aceptar las circunstancias de la vida y admitir que sólo podemos cambiar aquellas cosas que dependen de nosotros, nos ayuda a reducir el estrés y a seguir viviendo. Pero también es cierto, que otras personas, bien por el tipo de situación o problema al que se enfrentan, por la existencia de ciertas variables de vulnerabilidad, por la presencia de determinados estilos de afrontamiento o por diversos factores de riesgo, puede hacer que las personas acaben necesitando ayuda psicológica profesional, siendo tremendamente importante que esta se solicite lo antes posible para evitar de esta manera que los problemas se agraven y cronifiquen.


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